viernes, 7 de noviembre de 2008

Siluetas demasiado conocidas



Por pura casualidad. Salimos a pasear por casualidad. Ella insiste. Hace bien. La pereza es una casa extraña de facil habitibilidad. Los pasos nos llevan calle abajo. El frío recorre el aire como navajas de filos blandos que se incrustan en la piel. Y todo lo que soy es lo que fuí, pienso. Los dioramas conocidos se han vuelto diferentes, matizados. Las cosas cambian. Un año sin ver la ciudad y todo me parece distinto ahora. Los acentos de las personas son diferentes. Los noto, los veo como notas diferentes en distinta partitura. Yo que entonaba antes la misma canción, no sentía la melodía. Bajamos. Discurrimos hacia el puerto. Las tiendas de ropa son gigantes de puertas abiertas en edificios ilustres. Ella se compra unos guantes. Y yo sonrio en silencio en medio de un local histórico en mi vida. Cosas que cambian y cosas que no han cambiado. Está todo tan conocido y tan bonito. La ciudad que me vio nacer y crecer. Soy el que soy y en cada esquina de la urbe estuve y soy de una determinada manera.




"Mira, Ire: es un sereno" Inventos modernos. Sin atisbo de nostalgia. Una ciudad cambiante a todas horas. Vigo es el Nueva York español. ¿Exagero? No. En unos años se verá. Ya tiene ese término tan yankee del "SkyLine". Que si, Ire, que sí... que lo tiene. El mundo es la ría de Vigo vista por la noche. Vital, alegre, Vigorosa... dificil algunas veces, desordenada siempre. Pero mira que ha pasado el tiempo y me sigue gustando pasear por Vigo. Que grande, amor mío. Te lo juro sin atisbo de nostalgia. Las siluetas alrededor son demasiado conocidas. Vigo, a fin de cuentas, sigue siendo mi casa. Me sigue gustando su gente, su aroma, su ambiente, su vida y su desorden caótico. No te celes, amor mío. Ya sabes que el hogar está donde está el corazón. Y tu eres el mío.




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