martes, 23 de noviembre de 2010

Un Sencillo Vaivén


 Nacer, vivir, los rostros anhelantes,
los gestos ávidos de vida.
Lo veo en las calles,
en el tiempo detenido.
Vivir, crecer expuestos al amor.
Expuestos al llanto, a la nostalgia,
a la risa y al dolor.
Dispuestos para cada instante
que amamos la vida.

Sabrás que andar es un sencillo vaivén
Manolo García.


Vivir es sentir. Quien no siente no vive. Lo decía el señor Garcia, de nombre Manolo, en la letra de la canción que da titulo a este pequeño artículo. Y lo cito tanto para evitar que la gente piense que plagio más de lo debido, como para no restarle méritos al autor. También para ilustrar. Vivir es lo único que realmente nos viene dado. Vivimos, como bien dice Manolo, de apellido García, expuestos al amor. A lo único que nos convierte en humanos.

Recuerdo este verano Cádiz. Es un recuerdo agridulce. Me pesa y me llena . Por un lado los crispantes nervios heredados tanto del trabajo como de una situación complicada. Dentro yacía arrasado el interior de uno. No ha sido un buen año ni en lo personal ni en lo profesional aunque supongo que lo primero viene dado por la incertidumbre de lo segundo o por la precariedad, mejor dicho. El verano nos dio una tregua necesaria pero al tiempo fue escasa y breve.  Por otro lado, la alegría. El percatarse de que realmente estás vivo. Cádiz fue el vendaje  y el bisturí de muchas cosas. Bisturí enorme y bálsamo de fierabrás de sentimientos internos. Es cierto: no existe la estabilidad en nada. Ni siquiera en el interior. Andalucía no fue el viaje soñado. Fue bonito. Nos llenó de muchas cosas. Pero en cierto modo también fue un panorama abierto sobre la carestía de otras. A veces no se percata uno de lo duro que es vivir hasta que sufre en carne propia el dolor.  Me recuerda a aquellas vivencias de los veteranos de guerra. Hablan con cariño de momentos sublimes entre el horror de las batallas. Hablan de paisajes. Hablan de momentos. Como si las guerras siriviesen para apreciar con detenimiento, con colores nuevos, con ojos de asombro la belleza que de vez en cuando te rodea.

Faro de Cabo Trafalgar



Ahora, ya con el balance de año próximo (yo siempre hago un balance de cómo ha sido mi año en el mes de Diciembre; extraña costumbre que me inculqué desde que era pequeño)  empiezo a dislumbrar que este año no entrará de lleno en el archivo de los mejores de mi vida. Y es cierto que sufrimos mucho.  Que seguimos sufriendo en determinados instantes y momentos. Que nos hemos olvidado muchas veces,  en aras al vil metal, lo que decía el amigo Garcia, Manolo o Manolo García: que andar es un sencillo vaivén. Que vivir es tan sencillo como vivir.  Que tenemos tantas cosas que querer y gente que nos quiere, (amigos, compañeros de trabajo) que todo sería mucho más fácil si llegásemos a entender y comprender de una santa vez que vivimos únicamente por el acto tan arriesgado de existir. Para disfrutar de vivir, con más o menos cosas, pero para disfrutar de la vida. Porque lo único que realmente se nos ha regalado es la fortuna de estar vivos, de saber que estamos vivos y saber que en la humildad de vivir encontraremos precisamente la felicidad. 
Recuerdo mis niñas en una playa casi desierta entre Cádiz y Tarifa, al lado de cabo Trafalgar. Lugar de leyendas y batallas marinas, felices al sol, metidas entre la sombra y la arena. Mis niñas. Mis niñas... lo único que quiero en la vida. Lo único que es perfecto. Lo único de lo que me siento orgulloso. Vislumbrando el futuro, saboreando el presente. Olvidando todo lo malo, lo material, lo perverso del mundo. Ese es mi paraíso. Mis dos niñas (la grande y la pequeña) jugando en la playa. Te dejas llevar... y disfrutas. Como cuando estás navegando, sabiendo que el barco se mueve disfrutas de las ondas del mar y evitas marearte. Te dejas ir y todo va bien. Pasitos pequeños de mis niñas sobre la arena.  ¿Quien no puede disfrutar de ese paraiso? ¿Quién no puede decir que la vida es un sencillo vaivén?

Porque lo único que realmente se nos ha regalado es la fortuna de estar vivos, de saber que estamos vivos y saber que en la humildad de vivir encontraremos precisamente la felicidad. 

Por eso digo siempre a los que me leen -yo que no soy hombre de dar consejos- que se olviden de todo lo malo. Lo malo pasa. Dejad que venga la marea nueva. Levantaos con ojos nuevos un día y olvidad el pasado. Dejad que os lleven las ondas de la vida. Porque un día el mar cesará y llegaremos a orillas nuevas. Mientras tanto toca dejarse llevar y mecerse en las olas. Hay que intentar disfrutar de ello.

Es simplemente un sencillo vaivén.



Para Luz y Fernando.

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1 comentarios:

Bax dijo...

Porque lo único que realmente se nos ha regalado es la fortuna de estar vivos... precioso. Ojalá se pudiese ver la vida así todos los días :)