jueves, 6 de noviembre de 2008

Crisis


Vaya por Dios. Mi perspectiva siempre positiva lo ha hecho de nuevo. Me he dado cuenta de que no hay mal que por bien no venga. ¿No se han dado cuenta? Venga, ¿cómo que no? A ver, espérense todos que ahora mismo lo explico.

Desde hace cuatro meses, cada vez que cogía el coche por la mañana y enciendía la radio -lo reconozco, soy de los que escucha la radio para saber en qué mundo vive- no hacían más que hablar de lo mismo. Que hay crisis. Que sí, que sí, que está todo muy mal (¡Coño! que toca huevos somos los españolitos de a pie, que incluso en las épocas de bonanza económica nos quejábamos sin sentido y sin razón, que negativísmo, que amor a lo malo y lo doloroso, que tanáticos somos y ahora que vienen mal dadas... ¿qué vamos a decir?) que el mundo se va a acabar porque los señores de los bancos no tienen dinero. Y con ellos, todos nosotros. Y con todos nosotros el mundo mundial se va a ir al carajo.

Somos tan predecibles los seres humanos de este país, que damos hasta asco. Hace un año nuestra preocupación generalizada era salvar el planeta de la deforestación y el aumento del CO2. Y el cambio climático también aventuraba el fin de la humanidad, el fin del mundo, del universo, y de todo tipo de posible existencia. Pero descuiden ustedes, que eso y el hambre en el mundo, las matanzas, la discriminación, las guerras, las sequías y demás parafernalia han perdido toda su importancia en el mismo momento en el que nos han tocado el bolsillo. Cuidado que eso son palabras mayores. Que no nos importa que los polos se derritan, se maten en Somalia o en Sierra Leona, con tal que seamos capaces de pagar la hipoteca. Si no lo hacemos entonces sí que viene el fin del mundo.

¿No se han percatado? Desde que alguien dijo "Crisis" el mundo es un lugar mucho mejor. Ya no se habla de las guerras, de las bombas de Irak, de los arsenales nucleares, del efecto invernadero, del problema palestino, de los chíies y los kurdos, de las violaciones de menores, de los pederastas, del calentamiento global, del deshielo del polo, de las radiaciones gamma y todo eso tan preocupante. Todo junto al saco de lo secundario. La crisis ha convertido al mundo en un lugar mejor. Lo que nadie había logrado. Y todo porque la pasta -el parné, la guita, la mojama, las pelas- está en entredicho y con ello todo lo importante del mundo occidental: la cena del fin de semana, el cine, comprar el coche y la puñetera hipoteca de la casa. ¡Cuidadito! que hasta aquí habíamos llegado. Que la pela es la pela.

Un consejo para todos los que ahora mismo están postulando con el fin de nuestro mundo y nuestra forma de vida porque el mundillo financiero se cae en pedacitos: no se compliquen la vida. Nada va a cambiar. En este mundo seguirá habiendo ricos y seguirá habiendo pobres, y el capitalismo no se va a acabar de un día para otro, por mucho que algunos postulemos su inviabilidad desde hace años. Mis padres vivieron tres crisis -tres nada menos, la de 1973, la del 1982 y la de 1993 con reconversiones industriales terribles por medio- y no se pusieron a tirarse de los pelos ni a clavarse en una cruz, y menos a especular con el fin de la civilización occidental o la explosión del universo en mil pedazos. Los ciclos económicos son como son, tocaba -según parece- uno de recesión -nadie se va a morir por ello- y es parte del modus vivendi de esta sociedad occidental. Y le recuerdo a la gente que nos critica a los que abrazamos el comunismo desde hace años que el crecimiento constante en la economía es completamente inviable a menos que haya un reparto equitativo de la riqueza. Esa es una moto que nos quisieron colocar muchos. sobre todo los más interesados. Lo que pasa es que unos picaron y otros no. Relájense, no se alteren, déjen pasar los meses y verán como casi todo vuelve a su sitio. El resto es marear la perdiz. Déjen fluir la crisis por sus normales cauces y un día se levantarán mirando un brillante sol de primavera financiera. Por mucho que la nombren y por mucho miedo que se le tenga, no va a acabarse antes. Y por cierto, más tarde o más temprano, otra volverá. Prepárense para entonces. Mientras tanto recuerden que el efecto invernadero, el agujero de ozono y las hambrunas siguen ahí. Y habría que prestarles más atención a esas cosas, por mucha crisis que haya, que esa enferma devoción que profesamos a los bolsillos de cada uno.

ESCUCHANDO: Crises, Mike Oldfield.
IMAGEN (C) LIGHTMARK
Cenci Goepel & Jens Warnecke
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