C O R D U R A

Cordura:Estado psíquico de la persona que tiene la mente sana y no padece ningún trastorno o enfermedad mental.

I N S T A N T E

Instante: Período de tiempo muy breve, casi imperceptible.

UN BREVE INSTANTE DE CORDURA

Un paseo de la mano de la introspección y la reflexión sobre la locura de la vida moderna.

oTrOs lO dIcEN

Do you still believe in fairy tales, in battlements of shining castles, Safe from the dragons that lie beneath the hill?

La Bitácora personal...

De un soñador de Bits en Pijama

viernes, 21 de noviembre de 2008

Buen Humor

Al final alguien acabará estropeándolo. Quizá uno de mis jefes, uno de mis clientes, una de las llamadas telefónicas o algún problema de esos que van quedando atrasados. Pero en un principio hoy estoy de buen humor. ¿La cafeína quizás? Puede ser. Hace cinco días que no tomaba un café debido a un proceso gripal mezclado con un episodio gastroenterítico. Y ahora mismo estoy que hiervo y me desparramo por los costados.

O la posibilidad de ser viernes, que tampoco es manca. O la posibilidad de un fin de semana de descontaminación. Puede ser, a fin de cuentas la felicidad en la vida esta formada de estos momentos tan escasos. Pues que no pasen de largo sin darnos cuenta. Que sigan aquí, con nosotros durante un buen rato.

lunes, 17 de noviembre de 2008

La Ciudad Perdida

No suelo hacer caso a los forwards que me envían al correo. Pero esta vez voy a hacerme eco de uno que me han envidado recientemente.

Si alguien quiere contemplar parte de lo que fue una pequeña ciudad al borde del Atlántico alguna vez, no tiene más que pulsar en el siguente enlace

http://picasaweb.google.com/blodopaco

No entro ya en cuestiones de derechos -gran parte de las fotos son del famoso archivo Pacheco- pero entiendo que echarle un vistazo, aunque sea por simple curiosidad, merece la pena.

martes, 11 de noviembre de 2008

Los amantes se están perdiendo.

Llevo unos días con esta canción y con su significado metido entre la sinapsis de mis neuronas. El "british Pop" no es una de mis debilidades -excepción hecha de ColdPlay- pero esta canción, me tiene ultimamente enfrascado en mi mismo.

Keane: The lovers are losing. -Traducción-



Soñé que me estaba ahogando
En el río Támesis
Soñé que no tenía nada Nada más que mi piel.

Me resbalé de tu mano abierta hacia el río
Vi tu cara volviéndose hacia mí
Vi mi pasado Y vi mi futuro

Coges todas las piezas de los sueños que tienes
Porque no te gusta la forma en la que marchan las cosas
Las cortas y las desparramas en el suelo
Estás lleno de esperanza mientras las ordenas
Las unes unas con otras,
Pero de cualquier modo en que las veas,
Los amantes se están perdiendo

Soñé que estaba contemplando
Un baile de jóvenes amantes
Alcancé a tocarte la mano, pero te estaba mirando desde lejos
Nos aferramos al amor como un coche derrapando
Acercándose al borde de la carretera
Intenté aferrarme a lo que somos
Cuanto mas derrapaba más rápido somos.


Soñé que no tenía nada en absoluto (nada en absoluto)
Soñé que no tenia nada en absoluto

Quizá nos pasa eso, que ultimamente en esta sociedad los amantes se estan perdiendo. O quizá es que sólo me lo parece a mi. Pero antes, el galanteo refrenado, el cortejo, las parejas jóvenes paseando por los parques y en los jardines era norma común. Ahora ese galanteo y toda esa parafernalia se ha ido convirtiendo en polvo que flota en las imagenes de mi pasado. Que alguien me diga si todavía queda algo de los amantes. Se lo agradecería.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Extraños en el tiempo.

En cierto artículo escrito desde este mismo medio alegué en cierta ocasión a esa dimensión de la nostalgia que abarcaba la quincena y buena parte de la veintena. Este fin de semana me he dado cuenta de que finalmente las nostalgias dan un recebe de pintura demasiado perfecto. Nada es como lo recordamos algunas veces. Y en eso Ire tiene razón: cada época tiene sus personajes y ése es su contexto. Fuera de él, aparecen distorsionados y esquivos, huraños y desconfiados, reconocibles y distantes.
Me vi envuelto - y casi no quise- en una invitación. Tenía ganas de ver a quienes formaron parte de mi vida durante el lapso de vida de la juventud. Ire me preguntaba si realmente tenía ganas de verles. Por supuesto, le dije, pero estoy seguro de que el tiempo ha hecho estragos entre nosotros. Y no me equivoqué. Siguen siendo aquellos rostros reconocibles. Siguen siendo los amigos de toda la vida, a los que te referirás a tus hijos contándo de ellos mil batallas y aventuras. Y en los amores de mala hora, las noches de vino sin rosas, los atardeceres y puestas de sol de mil confesiones aparecerán sus rostros, sus nombres y sus andanzas. Pero, como ya dije, todo aparece cambiado. No hay la confianza de antes, nuestros nombres no se buscan como antes, los teléfonos permanecen mudos. Ya no son la referencia de antes. El tiempo nos cambia. Somos iguales y somos distintos. La vida pasa, y en todos nosotros deja una huella de cada vez. y según pasa la vida, definitivamente ya no somos los que antes eramos. Es un juego terrible, pero real.Moix escribió una vez que los fondos de las maletas eran abismos terribles donde los recuerdos tomaban formas diferentes y temibles. Quizá yo mismo tuve esa sensación. El tiempo nos ha cambiado tanto. De nosotros queda la cáscara que nos contuvo. Parafraseando a Silvio Rodriguez: los de ahora somos cómo sábanas blancas tendidas al sol después del amor. Testigos mudos de lo que un día fuimos.Volví a casa. El mundo es un poema repleto de estrofas asonantes y arritmicas. Vuelvo a mi vida, a mis problemas, a los amigos de ahora, a los dioramas conocidos. Ire tiene razón: la vida no conoce pretéritos. El pasado no existe en ningún lado. Debemos seguir adelante. Los amigos de ahora están aquí y no en otro lugar. Quizá por primera vez he decidido desmarcarme de la nostalgia de ahora en adelante. No podemos convertir en perfecto lo que en su tiempo desde luego nunca lo fue. Casi nada mejora con el tiempo, tan sólo el vino. Y las copas de hoy hay que llenarlas hoy, para los brindis por el mañana. De todas formas espero que sigan en cierta forma las copas de los viejos amigos dispuestas para ser llenadas. De verdad que lo deseo. Que se llenen de buen vino y que yo lo vea. La nostalgia ya no existe. En el fondo se ha vuelto un incordio. Y es que el tiempo nos convierte a todos en extraños. Nos puede gustar. O no.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Siluetas demasiado conocidas



Por pura casualidad. Salimos a pasear por casualidad. Ella insiste. Hace bien. La pereza es una casa extraña de facil habitibilidad. Los pasos nos llevan calle abajo. El frío recorre el aire como navajas de filos blandos que se incrustan en la piel. Y todo lo que soy es lo que fuí, pienso. Los dioramas conocidos se han vuelto diferentes, matizados. Las cosas cambian. Un año sin ver la ciudad y todo me parece distinto ahora. Los acentos de las personas son diferentes. Los noto, los veo como notas diferentes en distinta partitura. Yo que entonaba antes la misma canción, no sentía la melodía. Bajamos. Discurrimos hacia el puerto. Las tiendas de ropa son gigantes de puertas abiertas en edificios ilustres. Ella se compra unos guantes. Y yo sonrio en silencio en medio de un local histórico en mi vida. Cosas que cambian y cosas que no han cambiado. Está todo tan conocido y tan bonito. La ciudad que me vio nacer y crecer. Soy el que soy y en cada esquina de la urbe estuve y soy de una determinada manera.




"Mira, Ire: es un sereno" Inventos modernos. Sin atisbo de nostalgia. Una ciudad cambiante a todas horas. Vigo es el Nueva York español. ¿Exagero? No. En unos años se verá. Ya tiene ese término tan yankee del "SkyLine". Que si, Ire, que sí... que lo tiene. El mundo es la ría de Vigo vista por la noche. Vital, alegre, Vigorosa... dificil algunas veces, desordenada siempre. Pero mira que ha pasado el tiempo y me sigue gustando pasear por Vigo. Que grande, amor mío. Te lo juro sin atisbo de nostalgia. Las siluetas alrededor son demasiado conocidas. Vigo, a fin de cuentas, sigue siendo mi casa. Me sigue gustando su gente, su aroma, su ambiente, su vida y su desorden caótico. No te celes, amor mío. Ya sabes que el hogar está donde está el corazón. Y tu eres el mío.




jueves, 6 de noviembre de 2008

Crisis


Vaya por Dios. Mi perspectiva siempre positiva lo ha hecho de nuevo. Me he dado cuenta de que no hay mal que por bien no venga. ¿No se han dado cuenta? Venga, ¿cómo que no? A ver, espérense todos que ahora mismo lo explico.

Desde hace cuatro meses, cada vez que cogía el coche por la mañana y enciendía la radio -lo reconozco, soy de los que escucha la radio para saber en qué mundo vive- no hacían más que hablar de lo mismo. Que hay crisis. Que sí, que sí, que está todo muy mal (¡Coño! que toca huevos somos los españolitos de a pie, que incluso en las épocas de bonanza económica nos quejábamos sin sentido y sin razón, que negativísmo, que amor a lo malo y lo doloroso, que tanáticos somos y ahora que vienen mal dadas... ¿qué vamos a decir?) que el mundo se va a acabar porque los señores de los bancos no tienen dinero. Y con ellos, todos nosotros. Y con todos nosotros el mundo mundial se va a ir al carajo.

Somos tan predecibles los seres humanos de este país, que damos hasta asco. Hace un año nuestra preocupación generalizada era salvar el planeta de la deforestación y el aumento del CO2. Y el cambio climático también aventuraba el fin de la humanidad, el fin del mundo, del universo, y de todo tipo de posible existencia. Pero descuiden ustedes, que eso y el hambre en el mundo, las matanzas, la discriminación, las guerras, las sequías y demás parafernalia han perdido toda su importancia en el mismo momento en el que nos han tocado el bolsillo. Cuidado que eso son palabras mayores. Que no nos importa que los polos se derritan, se maten en Somalia o en Sierra Leona, con tal que seamos capaces de pagar la hipoteca. Si no lo hacemos entonces sí que viene el fin del mundo.

¿No se han percatado? Desde que alguien dijo "Crisis" el mundo es un lugar mucho mejor. Ya no se habla de las guerras, de las bombas de Irak, de los arsenales nucleares, del efecto invernadero, del problema palestino, de los chíies y los kurdos, de las violaciones de menores, de los pederastas, del calentamiento global, del deshielo del polo, de las radiaciones gamma y todo eso tan preocupante. Todo junto al saco de lo secundario. La crisis ha convertido al mundo en un lugar mejor. Lo que nadie había logrado. Y todo porque la pasta -el parné, la guita, la mojama, las pelas- está en entredicho y con ello todo lo importante del mundo occidental: la cena del fin de semana, el cine, comprar el coche y la puñetera hipoteca de la casa. ¡Cuidadito! que hasta aquí habíamos llegado. Que la pela es la pela.

Un consejo para todos los que ahora mismo están postulando con el fin de nuestro mundo y nuestra forma de vida porque el mundillo financiero se cae en pedacitos: no se compliquen la vida. Nada va a cambiar. En este mundo seguirá habiendo ricos y seguirá habiendo pobres, y el capitalismo no se va a acabar de un día para otro, por mucho que algunos postulemos su inviabilidad desde hace años. Mis padres vivieron tres crisis -tres nada menos, la de 1973, la del 1982 y la de 1993 con reconversiones industriales terribles por medio- y no se pusieron a tirarse de los pelos ni a clavarse en una cruz, y menos a especular con el fin de la civilización occidental o la explosión del universo en mil pedazos. Los ciclos económicos son como son, tocaba -según parece- uno de recesión -nadie se va a morir por ello- y es parte del modus vivendi de esta sociedad occidental. Y le recuerdo a la gente que nos critica a los que abrazamos el comunismo desde hace años que el crecimiento constante en la economía es completamente inviable a menos que haya un reparto equitativo de la riqueza. Esa es una moto que nos quisieron colocar muchos. sobre todo los más interesados. Lo que pasa es que unos picaron y otros no. Relájense, no se alteren, déjen pasar los meses y verán como casi todo vuelve a su sitio. El resto es marear la perdiz. Déjen fluir la crisis por sus normales cauces y un día se levantarán mirando un brillante sol de primavera financiera. Por mucho que la nombren y por mucho miedo que se le tenga, no va a acabarse antes. Y por cierto, más tarde o más temprano, otra volverá. Prepárense para entonces. Mientras tanto recuerden que el efecto invernadero, el agujero de ozono y las hambrunas siguen ahí. Y habría que prestarles más atención a esas cosas, por mucha crisis que haya, que esa enferma devoción que profesamos a los bolsillos de cada uno.

ESCUCHANDO: Crises, Mike Oldfield.
IMAGEN (C) LIGHTMARK
Cenci Goepel & Jens Warnecke
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