viernes, 16 de noviembre de 2012

La Obsolescencia Educativa

Quizás lo que hoy escribo ya debería de haberlo expresado  hace unos cuantos meses, pero quizás este periodo de reflexión sirva para que lo que hoy diga en este pequeño articulo o entrada en mi blog  no se me pueda entender como el ánimo de revancha sobre una situación. Quizá incluso se pueda entender como una crítica constructiva, siempre y cuando haya quien entienda que las palabras que hoy voy a escribir como la consecuencia a una reflexión sobre una situación vivida.

Quizá incluso este artículo nunca saliese a la luz si no fuese por un hecho que sucedió esta semana en el colegio de mi hija (al que no voy a hacer mención) y que me ha llevado a darle unas cuantas vueltas y a reflexionar profundamente sobre qué tipo de sistema educativo tenemos cuál es el que nos gustaría tener, que tipo de inversión hacemos en la formación y el reciclaje del profesorado, y sí este sistema educativo realmente está adaptado a la sociedad en la cual vivimos.

Siempre entendí que  formar a otras personas en cualesquiera capacidades no es una tarea fácil para nadie. Creo honestamente que no hay un reconocimiento  de la labor del profesorado a ningún nivel. Causa tristeza ver como la figura del maestro, tradicionalmente vinculado a la formación - en diferentes niveles personales - y al respecto, se ha visto diluida en el desdén de los padres, la falta de respeto de los mismos, la falta de concordancia de criterios educativos de los padres  con los maestros ( y semejante falta de sincronismo ya tiene tela) y el comportamiento de unos cuantos - los más mayores, que afortunadamente no son mayoria, pero haberlos hailos -  con cierto aire funcionarial de ahí me las den todas. Y sí, tómese funcionarial en el sentido más casposo de la palabra.

Esta reflexión no nace de una simple observación, si no del padecimiento propio. Saque cada cual las conclusiones que quiera. Hace aproximadamente un año me matriculé en un módulo superior de programación para ganar cierto tipo de facultades competenciales dentro de la profesión que ahora mismo estoy desarrollando. Me lo tomé como parte de un reciclaje profesional necesario, constante, pero al tiempo también me lo tomé como una satisfacción intelectual, puesto que en recientes fechas pocas veces he programado, y los programas que hice siempre han sido programas extremadamente básicos. De hecho, antes de matricularme en este modulo lo hacía mucho tiempo que no escribía ni una sola línea de código. El gusanillo me lo  metieron desde mi propio entorno laboral, puesto que tengo varios programadores que trabajan en el mismo proyecto que yo. El ansia estaba ahí y las ganas también.  Finalmente me asesoré  a lo largo de varios meses con algunos de ellos y me indicaron diferentes lenguajes de programación de diferente naturaleza y el nivel de exigencia. Conseguir con no poco esfuerzo y ayuda -que nunca agradeceré lo bastante- matricularme en el IES San Clemente, en un modulo para adultos. Y la verdad es que estaba realmente ilusionado.



No creo exagerar con la frase: Creo que desde mi primer año en la universidad no había llevado semejante decepción, sí es que ésta no fue mayor. Me explico: lo yo pensé que era un entorno profesional  para adquirir facultades competenciales dentro de lo que era una formación oficial resultó ser una especie de pantomima en la cual un profesor completamente desmotivado y desmotivador, ( un tal José Taboada) sin la formación adecuada (sabía programar sus diez programas en C++, pero en Java resbalaba cada dos por tres)   bastante prepotente y carente de recursos formativos, magreaba a un grupo de alumnos (manejados como si no fuesen adultos o su estancia en el periodo formativo se limitase a ser  títeres sin voluntad y sin poder de decisión). El escenario era terrible: Si de algo me sirvió fue para recuperar parte de mi dialogo con Dios, al cual le pregunté mil veces como era posible que me estuviese pasando aquello. Los trastornos obsesivos compulsivos del hombre eran -además de diagnosticables - aterradores : apagado constante de las pantallas para prestarle atención, angulos de inclinación de los teclados, ruidos de las teclas (¿alguien en este mundo es capaz de teclear sin que las teclas se le oigan?) persecución cual cristiano vengativo al sarraceno insidioso de todo aquel que no hiciese tabulaciones, espaciados y demás en los listados de código según el criterio que él establecia; inquina y odio a los "clicks" de los ratones -llegué incluso a no usarlo, pero en decrimento de eso sufria el factor de riesgo de pulsar repetidas veces el tabulador-  luces de pendrives que cegaban su vista ... vamos, material de estudio para un psicologo. Eso sí, de programación en lenguaje Java, poco se veía.



 Todo ello fortalecido por  ambiente académico muy "revival" de la infancia, basado en los caprichos existenciales de la persona responsable de la formación de su alumnado, y un programa de formación completamente obsoleto y absurdo. Fuimos auténticamente tratados como chiquillos de escuela, y no como profesionales que querían reciclarse profesionalmente o aumentar sus capacidades.  Y  eso que yo no era ni mucho menos el mayor. Sumado a todo esto un ritmo académico extremadamente bajo que nos llevó a no completar ni el setenta y cinco por cientro del programa formativo. Programa formativo por otra parte que está completamente alejado de la realidad de una empresa de programación y su entorno productivo.(entorno en el cual yo me desenvuelvo).Un escenario terrible.  



Resumidas cuentas:  No me atrevo a poner en mi curriculum que asistieron a clases de programación en el citado lenguaje, con eso creo que ya expreso todo. Porque podemos decir que de programación aprendimos muy poco.  Ahora bien, tabular en silencio, lo hago mejor que nadie. Por otro lado, con lo que he vivido en mi vida y con la edad que ya tengo, me parece cuando menos obsoleto y absurdo que el hecho de asistir a clases tenga como único objetivo aprobar una determinada materia, y no el hecho en sí de aprender una determinada materia o capacidad, sobre todo  cuando realmente aprobar o no aprobar según los criterios de un Profesor obsoleto y sin formación necesaria, personalmente a mi no me causa ningún tipo de beneficio. El ansia de aprender, las ganas de adquirir conocimientos y destrezas profesionales son el auténtico objetivo de una formación profesional de grado superior. El aprobar o no aprobar en sí mismo es la menor de las motivaciones que puede tener un alumno. El ansia de aprender, la motivación necesaria para aprender, es lo que nos mueve a enfrentarnos a nuevos retos tanto culturales como formativos. Creo que la formación profesional este país está completamente alejada de lo que es la realidad productiva. Y por ende, quizás todo nuestro sistema educativo. Quizás en la universidad esto no sea necesario, puesto que la universidad no toca solamente aspectos profesionales. Pero en una la formación de profesionales, que es lo que debería de ser autentica formación profesional este tipo de desviaciones son simplemente inadmisibles.

 ¿Por qué existen este tipo de ineficiencias entre el mundo académico y el mundo real? Simplemente porque las personas encargadas de hacer los programas formativos viven en un mundo paralelo, completamente alejadas de lo que es la realidad del día a día. Por añadiduira: "gozamos" de un profesorado que en los últimos veinte años apenas se ha reciclado en lo que son los aspectos fundamentales de las tecnologías de la información. E includos dentro de esas tecnologías -siempre cambiantes- un reciclaje constante y evolutivo no es que sea deseable, es que és absolutamente necesario.  Se impone que los jóvenes y los nuevos formadores tomen el relevo a una generación que ya ha caducado y que no es capaz de reciclarse ni de dejar su sitio.

¿Y todo esto, todas estas ineficiencias, todos estos desvaríos, llevados después al mundo laboral como se traducen? La reflexión subyace:  Si el empleador no encuentra lo que busca dentro del mercado de trabajo a través de las formaciones regladas, buscará otro factor diferenciador para poder encontrar a los profesionales que realmente puedan resolver los problemas que tiene dentro de su empresa. De hecho hemos asistido en los últimos años a un auge absolutamente espectacular de las certificaciones profesionales de fabricantes en detrimento de la denostada, maltratada y obsoleta formación profesional tradicional, que no cubre ni mucho menos las expectativas de formación de personas según que grados competenciales. La formación profesional está muerta, alejada, distorsionada, languideciendo o agonizando.

Una vez pasada esta experiencia personal en la formación profesional , (afortunadamente para mí un curso no dura más de ocho meses) me he dado cuenta y y para eso también me he servido en parte de las experiencias que he vivido esta semana,  que nuestro sistema educativo sufre de una obsolescencia mayor que el de la clase política que en algún momento a lo engendró. Probablemente los politicos no deberían de dedicarse a otra cosa que no fuese la politica "strictu sensu"  El alumno de hoy sufre  de una falta de motivación evidente por parte de todos para darle la vuelta a una situación enquistada. El olvido a la formación profesional superior, el destierro de la formación continuada de los trabajadores y profesionales, el alejamiento de la sociedad y los profesionales de las aulas, el alienamiento de los profesores del entorno empresarial y productivo,y del entorno educativo de una sociedad nueva y cambiante nos ha convertido en lo que somos: la sociedad europea con mayor índice de fracaso escolar, la sociedad que menos recicla profesionalmente a sus profesionales y trabajadores y la sociedad que menos valora su sistema educativo público. Y ese escenario solo puede calificarse como dantesco. Con descenso a los infiernos incluido.


Reacciones:

2 comentarios:

Mª JOSÉ ARANTEI dijo...

Dices muchísimas verdades aunque no debes meter a todos en el mismo saco ya que,gracias a Dios, hay profesionales como la copa de un pino. Confiemos en que nuestra sociedad avance a pesar de los recortes en educación que no nos llevan más que a tener que prescindir de recursos materiales y humanos tan necesarios en el ejercicio de nuestro trabajo.

donnierock dijo...

Te entiendo, porque yo también le tuve de profesor (por lo que calculo, yo debí estar en la promoción que termino cuando empezabas). A mi todavía me tocó estudiar C en el primer año, así que no tengo claro cómo se manejaba Taboada con el Java, pero su método didáctico me parecía increíblemente arcaico y pesado (bueno, y le cogí un poco de manía por cuestiones personales varias, tampoco lo voy a negar). Por suerte sí hubo otros profesores durante aquellos dos años que estudié allí más competentes (es más, tuve la suerte de tener como profesor en la asignatura de sistemas a Ricardo Feijoo, al que considero el mejor docente que he tenido nunca), aunque he de decir que había cosas en el temario que a día de hoy me parecen terriblemente descompensadas e irreales.

Lo curioso es que un amigo mío se topó al citado Taboada como profesor en la universidad y me comentó que allí aplicaba el mismo método con sus mismos tics y manías. Como dicen los yankees "you can't teach an old dog new tricks"