martes, 13 de mayo de 2008

Los Cultillos

Explico el título antes de que alguien lo pregunte. Entiendo por cultillo a aquella persona que hace todo lo posible para excusarse en una supuesta posición de privilegio cultural para no dar palo al agua y hacernos creer que todos los demás somos una pequeña panda de torpes y míseros seres humanos -de alguna raza inferior, como los monos- que tienen que ganarse el pan con el sudor de su frente para sobrevivir. Es decir: dícese de todo aquel que se excusa en la cultura para ser un vago ilustre.

Los veo en todas partes. Cuando trabajaba de camarero, en cierto lugar de renombre social de Vigo, eran como una pequeña plaga de mariposas carroñeras que revoloteaban alrededor de un supuesto iniciado cultural. A mi en el fondo me parecían un montón de personajes patéticos. Todos aspiran a lo mismo: a "montárselo" en aras a subvenciones, a privilegios de diversa índole y lo que menos les preocupa es precisamente cómo o por qué medios. Si hay que aplaudir al político de turno, pues bien. Si el que da la subvención es el otro, pues también.

Cuando estuve metido dentro de este mundo, el hijo de uno de mis jefes había sido un personajito de estos que de vez en cuando salía en la televisión. No es que hiciera o hiciese algo de renombre, pero no hay nada como buscar la fama de forma inmediata. Es la excusa perfecta. A Carlos -así se llama- lo he visto deambular por la vida, sin rumbo y sin trabajar de una manera real durante los últimos diez años. Como él a otros muchos. Carlos decía que era impensable que él -que se autodefinía como artista (¿?)- pudiese trabajar en una factoría o en un negocio. Debe ser que los demás somos tontos.

El ejemplo antítesis sería mi amigo Yago: que escribió dos libros -uno de ellos apadrinado en un intento infructuoso de publicación por la propia Pilar Cernuda- mientras trabajaba conmigo en una fabrica durante más de ocho horas a un ritmo infernal. Y además de eso, se dedicaba en cuerpo y alma a su hijo y a su mujer. Ninguno de los antes mencionados le vería ni un sólo atisbo de mérito a todo lo que él hizo. A fin de cuentas los seres inferiores -entre los cuales, felizmente me autoincluyo- necesitan esta serie de cosas para sobrevivir. Los divinos las rehuyen como el gato huye al agua. Debe ser por eso que, afortunadamente, la gente, poco a poco , se está volviendo más y más atea. No cuajan bien las divinidades en un mundo donde el simple hecho de trabajar honestamente, oler a sudor honesto y bien ganado, abrazar a tu mujer y a tu hijo después de una jornada laboral, sigue siendo un acto sencillo y humilde. Como el mismo Jesucristo en sus tiempos. Fíjate que equivocados estaban los cultillos. Desmemoriaron que en la sencillez y en el buen trabajo estaban la belleza y la cultura.

Fingir es un arte. Vivir es el arte de las artes. Ser noble y honesto es, sencillamente, un milagro.

Reacciones:

2 comentarios:

Irene dijo...

Mi visión del mundo, de la vida ¿por qué no?... es bastante más esperanzadora. Tal vez porque la mayoría de mis relaciones sociales se circunscriben a la familia y a un pequeño grupo de amigos, o tal vez porque soy una soñadora. Tampoco concibo vivir sin esperanza o sin sueños.
A diario observo gente humilde, a veces en la más absoluta miseria, que conservan los ojos llenos de ilusión y de vida. Probablemente, como tú dices, no tienen estudios ni ninguna formación concreta. Algunos de ellos probablemente no conocen más mundo que el que extiende cuatro calles más allá de la suya. Y sin embargo, están llenos de riqueza. De sabiduría y de corazón, de conocimiento profundo de la vida. Nos vendría bien escucharles y atenderles con mayor frecuencia.
Sin embargo, o gracias a eso, tengo esperanza y a pesar de estas situaciones que veo a diario, la conservo porque casi siempre que encuentro a alguien viviendo en estas circunstancias, aparentemente abandonados y desamparados, siempre o casi siempre encuentras a alguien honrado y desinteresado a su lado, dispuesto a echarle una mano incluso a veces a costa de su propio bienestar. Personas maravillosas, generosas, honradas y humildes... Muy luchadoras y tremendamente nobles. Y no nos engañemos: esas personas son de todos los géneros y clases sociales, de distinta condición económica y de distintas culturas. Creo que no es difícil encontrar a esas personas, artistas a su modo. Todo depende de los ojos con los que miremos y de las ganas que tengamos que conocer el mundo que nos rodea. La mayoría de las veces somos nosotros los que cerramos los ojos a la realidad, por comodidad. Porque hay cosas “difíciles de ver” en nuestra sociedad desarrollada. Y la verdad es que al negar la existencia de ciertas cosas, no somos capaces de ver que la vida está llena de milagros. Y todos los días hay mucha gente noble y honesta poniendo todo de su parte para ayudar a los demás. No es un sueño ni es un milagro.
Afortunadamente es un hecho cotidiano.

Garzi dijo...

Me ha gustado mucho tu vision de los cultillos.