sábado, 14 de diciembre de 2013

GENTLEMAN JACK

GENTLEMAN JACK


Compré la botella. Aún me acuerdo. Era el Tax Free del aeropuerto de Newark.  Me la vendió una chica negra, con buenas caderas e impecáblemente vestida. Vino desde New York a España el once de septiembre de 2001 . Lo cual casi la convierte en histórica. Y ha durado lo suyo. Queda poco, aun queda lo justo para un par de copas. Tiene caracter, deja un retrogusto dulzón en la punta de la lengua. Fuerte en el trago, y ligéramente ácido. Es un Gentleman Jack con todas las de la ley.  Las cosas buenas tienen que tener carácter, me digo. Un buen bourbon. Que nadie ose llamarle whisky.

Hoy me acompaña. Porque me sale. Porque me apetece. No soy hombre de beber en los últimos años. No bebo mucho, por no decir prácticamente nada, y solo el gin tonic del domingo y la cerveza con Miguel Muñoz me salvan de considerarme abstemio. Así que bebo muy poco.  Solo lo hago en ocasiones especiales. Hoy no es una, pero me he dicho ¡Qué demonios!




Salgo a pintar una parida con palabras. A decir que las cosas hay que decirlas, como mi buen Treus, mi Iago Treus. Salgo a felicitarle por el relato en la radio. A decirle que no lo deje. A darle caña. A ver la noche que es hermosa tras la luna. Que los astros siguen vivos ahí arriba, que esta misma luna que hoy nos ilumina , la que hoy nos habla desde su quietud es la misma de hace tantos años, en un sitio diferente, cuando yo era tan joven e inocente.  Salgo a pintar mi trabalenguas, mis serpentinas en el pelo. Que como cuando tenía diecisiéte años adoro escribir, que me sale, me fluye. Como las teclas de mi vieja máquina Olympia. El verano de los diecisiéte, y la primavera de los dieciocho, cuando mi vieja máquina tecleaba mis pensamientos, despacio, dos dedos, dos...

Y efecto del gentleman, lo veo ahora. Tecla, cae sobre papel, marca indeleble. Otra. Mis edades, mi edad. Mis tiempos. Aquellos a los que amé. Tic, tac, tiempo. Bálsamo de Fierabrás. Jaime, te fuiste, te quise tanto. Me cambiaste la vida. Soy mejor gracias a ti.  Clac. Duele pero ya no duele. Otra tecla. La quise tanto. La amé tanto. Le pasaba los apuntes a máquina. le dediqué relatos. Clack, otra tecla. Lavandas azules, dilly, dilly. Clac, otra tecla. Suena la canción. La casa de Bruno. Suena dentro de mi Weather Report, acordes de Pastorius tocando el bajo. Clac. Tecla mancha el papel. La primera borrachera de Jose Pena, la primera borrachera que vi y que sufrí. Bajos instintos, clac. Tu mirada vuela, vuela negra vuela. Vienes des de Santiago para verme. La mujer pequeñita en el coche azul. Mis tiempos, mis edades.  Todo eso se aglutina y está aquí en el Gentleman. A los que os quiero, cuidaos siempre. Porque siempre de una manera u otra os querré. Iago, Iaguito. No dejes de ser como el Gentleman Jack. Fuerte pero suave. Amable pero directo. Sin segundas. A la cara, en la cara, como tu eres. Ojalá este país se levantara un dia con siete millones de Treus. Siete millones de Treus tomando el congreso pacificamente, siete millones en la zarzuela, "Vamos a hablar de tu puto yerno de la niña, ¿vale? "  clack, tecla, una vida.

Debo ir a la cama. Adentro todo ruge. Gentleman Jack, que estás en los cielos...




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