sábado, 11 de junio de 2016

Con el alma a Jirones


Los veo bajar a los dos las escaleras. Siempre llegamos justos de tiempo, y siempre con el sonido del timbre demasiado cercano.  A veces los veo bajar, cogidos de la mano, con su cálida inocencia y su impresionante bondad por bandera. Se despiden siempre con un beso. No importa si nos hemos enfadado antes en casa por salir tarde, o por el tráfico o por otra razón. Siempre hay beso para el tio y para papá.

Y luego, como en la canción, se van.. entran con el maldito timbre encima de nuestra conversación, con el recuerdo del beso en la mejilla. Y percibo que el tiempo se me escapa y que la vida se me escapa un tanto con ellos, por esas escaleras.



Me callo y no digo nada. Intento amarrar la visión de la mochilita verde a la espalda, dando botes, con la mano en el aire, mientras la otra amarra fuerte a Daniel, para que baje las escaleras. Estoy muy orgulloso de ella, la amo con auténtico desequilibrio., me parece el mejor milagro que cometí en la vida. Mi mejor locura, mi mejor acto, mi pincelada maestra sobre el lienzo extraño de la existencia.

 Y de él también, porque es un niño aterradoramente bueno, lleno de ternura, de magia, de formalidad. .Tiene una mirada perfecta, llena de vida y de la enorme sabiduría de la bondad.

Los quiero tanto a veces, que se me rompe por dentro el alma como una sabana vieja hecha jirones por las garras de este sentimiento.

No me faltéis nunca.

Sin vosotros, vivir es imposible.





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