sábado, 19 de octubre de 2013

Hacia las garras de la Belleza.


Abro los ojos a la belleza. Afuera llega la noche desde hace un tiempo. Llueve, inmerso estoy, de otoño hasta arriba y llenándo la médula. La vida, un dia más. La vida. El momento. El olor.
Soy el loco carioco, el que estuvo en todas partes y a la vez en ninguna. Hubo noches como esta donde yo deambulaba. No echo de menos nada ahora. Mi hogar es refugio.

Pero la noche es oscura como han sido estos días. He dicho demasiados adioses a demasiada gente a la que aprecio. O apreciaba. O a la que abiertamente quería, salvando las distancias emocionales.

Me canso, me digo. Antes me adaptaba, pienso. Pero es cierto, es cierto. Todo se mueve y nada es permanente. El paralelismo existe: somos como ecuaciones de grados distintos. Los seres humanos somos evolutivamente diferentes. Cambiamos a ritmos incompatibles.

Y ahora, me queda mi vida. Me alegro. Me alegro de estar aquí y ahora. De deslizar los dedos despacio en el teclado, y de que las palabras broten por si mismas. Me alegro de haber salido de trabajar, de haber tomado la cerveza con los compañeros. Me alegro de estar inmerso en todo esto. Y a la vez, impermeable. A la vez soy resistente. A la vez, soy duro e impertérrito.  Sigo adelante y aquí voy. Para los mios. Para los amados, para los añorados y añoradas. Para todos los que ya forman parte de mi.
Ya lo dijo el poeta y lo contó en verso.


Estaré contigo cuando anochezca,
contigo cuando te duermas,
contigo cuando las estrellas
te pidan a gritos que apuestes por ellas,
contigo en la luz de la mañana,
contigo contra el monstruo de las Ramblas,
contigo cuando la fuerza de las trompetas
en torbellinos se torne grande, gigante, coloso.
Ni los catorce ochomiles, uno encima de otro,
alcanzan a ver lo que yo provoco.
Cuando nazco, cuando en ti broto

, yo estallo como un estadio,

como los lobos en luna llena,
yo soy el grito que te propulsa
hacia las garras de la belleza.





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