viernes, 19 de abril de 2013

Y vuelan, me digo.

Y vuelan, me digo. Vuelan. Flotan sobre la luz de la tarde, como parte de un escenario irreal. Es un mes de Mayo, florido. Y en mis veintidós años, veintidós, que tuve contemplo la tarde, sentado en un banco pequeño de piedra en los jardines del Pazo. Y sobre esta tarde contemplo flotar el polen de los dientes de León, haciendo una cortina de luz irreal sobre las flores del pazo. Flotan, como un suspiro en el aire. Al lado, sentado con una blusa de topos blancos se atisba el deseo. El irrefrenable deseo de la veintena.

En esa tarde, durante un trabajo de primer curso de magisterio, vuelvo a la luz. Y vuelvo a la vida, y me digo que me enamoro nuevamente de vivir, porque el deseo pulsa, porque el deseo funde el hielo. Porque la tarde vive flotando en una partícula de polen de diente de León que forma una cortina hermosa sobre la luz. Y veo que hay risas, recuerdo las risas, oigo las risas de las jóvenes, del deseo de los diecinueve años, irrefrenable, caudaloso, generoso y brillante que se promete y que se ofrece tras una blusa granate de topitos blancos. Puesto que vuelvo de la oscuridad de la muerte, de la oscuridad de la tristeza, de la rotura del alma y del corazón. Con los veintidós por montera me doy cuenta. Soy de nuevo yo, el poeta, el amigo, y he vuelto para quedarme. Vuelvo en esa tarde a amar la vida. Vuelvo en esa tarde a tener el control.

Risas de jóvenes sobre un jardín centenario, sobre el polen de la tarde. Y a mis veintidós me digo que pronto vendrá el verano, y los cuerpos se ofrecerán amables al calor. Resuena en mi cabeza "Sol, espiga y deseo, son su manos en mi cuerpo" y ya no echo de menos nada pues aquí estoy pleno. No echo de menos cierta tarde de Verano donde la hierba alta ocultó a dos amantes desnudos sobre la ladera del bosque. Porque sé que  me espera, a mis veintidós años el olvido. El olvido de todo lo que una vez se tornó de placentero a doloroso. El olvido del amor al desamor, el olvido de no ser nadie a ser finalmente yo. El olvido de parecer una sombra sobre los charcos de la lluvia. He vuelto.

No sospecho que volverá el agua. No sospecho los problemas que la proa en breve acuchillará. No sospecho la tristeza venidera, la muerte, la angustia, la tristeza, el placer por el placer vacío, el amor no correspondido, la amargura del repudio, la angustia de la traición y la ruina. No se promete ni atisba el placer químico purulento de los paraisos prometidos y falsos. Y no sospecho que nueve ocho años más tarde la muerte pasará a mi lado con una sonrisa larga y afilada de casi tres mil dientes, poblados cada uno de ellos por el alma de cada muerte acaecida de dos lejanas torres, al otro lado del mundo. Unas muertes demasiado cercanas sobre un tiempo lejano.

Pero permanece para siempre en la memoria, el Primer diente de dragón que ví flotar para siempre como la blusa y sus promesas, el deseo brillante y caudaloso de la juventud, como las flores reventando de color acaso filmadas en una cinta de viejo cinemascope;  como el banco de piedra y las sonrisas de las jovencitas de veinte años. Ahí se acaba el recuerdo . Esperando un olvido que lo borre para siempre. Una lluvia que se lleve el color. Paraiso breve de un recuerdo acallado.

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1 comentarios:

Adela (mamá de Marina) dijo...

Ole, ole y ole mi niño!!! Pero que gusto da leerte, es un verdadero placer. Gracias por compartir estos pedazos de tu alma.