domingo, 31 de marzo de 2013

La necesidad del Calibre


Acabo de llegar a casa. Es uno de mis momentos favoritos, después de trabajar. Llegar a casa y hacer cualquier cosa. Cenar, aunque sean sobras del día, tomar un chocolate o una infusión. Sentados en la cama acabamos de contemplar en televisión un reportaje terrible sobre una madre cuyo hijo sufre parálisis cerebral. Y honestamente, después de digerir el reportaje citado sé que hoy  es una de estas noches en las que ir a dormir me va a costar. De ahí mi ataque al teclado, esto que ustedes están leyendo ahora.  El gobierno - da igual de qué comunidad- le ha bajado la ayuda por dependencia de quinientos cincuenta y nueve euros a cuatrocientos cuarenta. Pero no importa, porque para rematar la faena, de los caros medicamentos que toma su hijo, ahora gracias a la verbigracia de este gobierno, que no es más que un subsidiario del ejecutivo Europeo, y este a su vez una franquicia del gobierno alemán, le ha dicho  que tiene que abonar el cuarenta por ciento de su coste.  Y por sabida la historia, no me deja de dar auténtico asco.

En un sistema mínimamente decente - insisto, mínimamente, que no es cuestión a estas alturas de pedir más - el estado, ese ente al que contribuyo con mis impuestos, y la comunidad en cuestión, y a la diputación de turno, o el ayuntamiento que fuere,  debería haber tomado cartas ya no en este asunto, si no en los de toda índole y cariz parecida ( porque me temo que esto no es una historia aislada ) y tener los recursos necesarios articulados para poder salvaguardar y ayudar a las personas en necesidades especiales y en situación de dependencia específica. Pero como este país, desde hace ya unos años de decente no tiene ni lo mínimo imprescindible, ni presentable,  para poder seguir ayudando a su hijo, esta mujer tiene que recurrir a la recolección de tapones de plástico.  Y con perdón, este nocturno aficionado a escribir y que hoy va a tener algo dificil conciliar el sueño, se cisca diarréicamente en la putísima madre que engendró a Angela Merkel y a todos los tecnocratas y corruptela politica - oligárquica que vienen por debajo. Quien se sienta ofendido, con perdón, me hace feliz.

"..este país, desde hace ya unos años de decente no tiene ni lo mínimo imprescindible, ni presentable..."


Porque, fijense qué pedazo de iluso soy:  yo pago mis impuestos para esto, para que el que menos tiene pueda mejorar, para tener infraestructuras de comunicación, tener dotaciones sanitarias, tener recursos para los menos favorecidos - que últimamente son todos-  y acepto que el estado me sableé lo que estime oportuno. Quiero que lo hagan. A mi y al resto. Pero desde el primero de los ciudadanos de los que pertenecemos al estado ( muchas dudas tenemos sobre el primero de ellos y su familia últimamente) al currante más pobre, cada uno contribuyendo en su medida.  Lo malo de toda esta cadena de buenas intenciones es que por el camino de abajo a arriba está rota por los "listos", los corruptos, los indecentes, las grandes fortunas evasoras, los sinvergüenzas y demás calaña aborrecible y execrable.

Nos falta, como dice alguno, un buen Calibre. Supongo que será uno de medir. Para tomar pautas, medidas, ser proactivos en la toma de decisiones, mesurados en sus efectos negativos.  Si, es cierto. Nos faltan calibres. Nos faltan politicos de calibre que puedan llegar a Europa y decirles que somos socios, no subsidiarios del gobierno Alemán. Politicos que puedan plantarse delante de los tecnócratas europeos y decirles que a ver con qué par de redaños van a decirnos a nosotros, los humildes, que nos tenemos que sodomizar para que su tecnocracia y sus burguesas infraestructuras oligarquico-politicas que nadie elige, como la comisión europea, las troikas de las narices, y sus subcomisiones y panfletadas burocraticas oscuras, (con sus tejemanejes lobísticos ocultos incluidos) sigan ganando dinero a espuertas.

Es cierto, lo pienso. Antes de meterme en la cama, pensando en la mujer de Valencia que vende tapones para que su hijo paralizado cerebral pueda vivir un día más y no se quede en el camino. Nos hacen falta calibres. Calibres de medir, que coño. Yme pide el cuerpo que tenemos también necesidad  de los otros, caramba. Porque más de uno de estos que están aislados en sus despachos comunitarios, mantenidos por los lobbys y sus oscuras maniobras, mantenidos por toda la oligarquia europea de los partidos, aislados del mundo y de la gente, necesitaría otro tipo de calibre: La visita de un proyectil de calibre cincuenta lanzado por un rifle de francotirador  Barrett.  

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