miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un favor sin Recompensa.

Hago un balance interesado y sesgado de estos ultimos trescientos sesenta y cinco dias de mi vida. La fecha impera. Impone su ley y en el final del año, apuro un resumen nada imparcial. ¿Me disculparán el interés y mi parcialidad? Espero que si.

Este año ganamos cosas y perdimos muchas otras. Empezamos ganando cosas en el aspecto personal, y por ello el año 2009 será siempre recordado como uno de los mejores de mi vida. También en el material.  Pero como siempre, todo fluye.

Cuando tenia catorce años mi padre me regaló un peluche de una de las tiendas para que yo se lo regalase a uno de mis primeros amoríos de juventud. Mi padre tenía estas cosas, que probablemente yo he heredado. Podía convertirse en un personaje tan lejano y amargado como cercano y alegre, según las ocasiones. En el peluche -ni me pregunten qué forma tenia, porque ahora mismo solo lo intuyo- podía leerse una frase tan verdadera como lapidaria. "Amistad es un favor sin recompensa" Poco podía imaginar mi padre que ese podría convertirse en un de mis lemas para toda la vida. El peluche cumplió una función especial, tanto para el amorío de mala hora, como para mi mismo. La función pedagógico-didáctica que aprendí la interioricé tan rápidamente que a veces me asusto de que esa frase me persiga toda la vida

Ahora, hace un momento, un instante, delante de las teclas del ordenador, a banda del peluche ha vuelto nítida a mi cabeza. Le he visto sus colores colorados y sus letras doradas. Cruzó mi cabeza y se fue. Como el sueño de quererse tanto como a los catorce años. En el fondo estoy muerto, me digo. Muerto mentalmente, y revivo las cosas de la juventud como si fuesen un  "flashback" de un drogodependiente. Pero he visto las letras y ese mensaje escrito en un peluchito barato. Ring, Ring... aquí el cerebro, departamento de alucinaciones oníricas pretéritas mandando un regalito de navidad.

Ese mensaje, "Favor sin recompensa" lo dice todo. La amistad debe ser eso, pero que nadie se escude en la banda de mi peluchito de los catorce años, regalado al amorcete de juventud -divino tesoro- para pensar que la patente de corso está al alcance de la mano de quien piense que puede hacer lo que le de la gana siempre que se declare nuestro amigo. Lección aprendida de este año. Perder amigos es duro, pero muy aleccionador. Es fastidiado, doloroso y canibalizador del interior, pero muy util cara al futuro. Es una putada, de esas putadas dolorosas y jodidas de la vida, que te dejan unresquemor negro y abrasador en el interior. Pero aprendes a seguir adelante. Este 2009 perdimos amigos, perdimos gente que amabamos y que eran parte de nuestra vida. Cuando uno se aleja de un amigo, en realidad pierde parte de su vida. Pierde parte de la alegría que le generaba su compañía, parte de las vivencias, parte de las confesiones del otro, de la propia existencia común. Los lugares comunes ya no son tan bendecidos y hasta el alma se muestra huraña de volver a ellos. Pero aprendes. Aprendes a vivir sin toda esa carga. ¿Merecimos perderlos? Honestamente creo que no. A lo mejor es que ellos no fueron dignos de nosotros, o nosotros de ellos. O simplemente será que la vida tiene un saco lleno de esas putadas que antes mencioné y las va distribuyendo a lo largo de la existencia.

Qué dejados somos. Que poco cuidamos a los que queremos la mayor parte de las veces. Como dejamos morir la amistad, el cariño, el respeto y la complicidad. No cuidamos nada de quienes nos quieren y que poco nos cuidan muchos de los que nos aman y a quienes amamos. Que poco nos cuidamos, en general.

Un deseo para 2010. Amistad en buena medida para todos. Que los caminos que ahora nos separan  nos vuelvan a unir. Acaba de salir el Sol por primera vez en dos semanas de intensa lluvia. Y lo ha hecho al escribir esa frase. Es un buen presagio. Ya viene el sol...

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