jueves, 3 de septiembre de 2009

Cuentos de la Torre Solitaria

Noche de fina lluvia

 

 

Afuera llueve. Cae fina la lluvia, como un trapo suave y aterciopelado. Como un tisú húmedo y claro. Aquí somos la torre solitaria. Este edificio, esta zona del extrarradio. Este pueblo dormitorio que se convierte en un mustio escenario de lo que es un puesta de largo de la crisis económica. Los edificios recientes, recién acabados, y vacíos, sin vida, ciegos de luz, mustios, apagados. Como gigantescos mausoleos sin dueño. Miro afuera. El tiempo pasa. Las aceras están vacías desde la parte alta del pueblo. La calle no tiene vida. Hay farolas amarillentas que le dan un aire extraño a la noche. Esto está vacío, pienso. Somos los inquilinos de una torre solitaria. No hay apenas vecinos. Este pais se equivocó a la hora de construir locamente. Somos una escenificación del error de unos cuantos. Todos estos edificios deberían estar llenos de vida, de gente joven, de niños, de gente de mediana edad. Pero no, permanecen muertos. Me siento a veces como el inquilino de una pirámide: metido dentro de una acumulación de caras piedras. Me pregunto si alguno de mis escasos vecinos siente lo mismo.

 

La parte baja del pueblo, junto a la carretera, bulle llena de vida. Pero aquí arriba, en la zona nueva, esto es terriblemente solitario. Hay obras inacabadas, edificios sin un solo vecino, trabajadores que arreglan con desgana las zonas verdes. ¿ No se habrá equivocado alguien a la hora de construir aquí? Este vacio algunas veces estrangula el cuello de una manera cruel y asesina.

No todo son malas cosas. La tranquilidad impera. Un portal se ilumina. No hay nadie. Yo que siempre viví en medio de la ciudad… ¿qué hago aquí ahora? Descubro el silencio, la ausencia de vehículos, la ausencia de los ruidos que manifiestan vida, los empujones sordos de muebles, las voces en la escalera. Todo da tranquilidad. Y silencio.  El urbanita que soy, que fui, no entiende eso. Le supera. ¿No os dais cuenta de lo bonito que es el ruido, que el ruido es sinónimo de vida? La ciudad se pierde al Norte. Este diorama vacío parece sacado de una pelicula de Fellini. Y yo soy uno de esos personajes patéticos que tanto le gustaban.

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