miércoles, 1 de abril de 2009

Credo

Vi tus ojos, y me ví en ellos. Las manos de quien más amo. Los hombros de mi amor. Tus pies son los pies de quien más quiero. Ella dice que tu boca es mi boca. Que son iguales. Con ese piquito pequeño en el labio superior. Me dice: fíjate, fíjate. Y tiene razón, pero me hago el remolón. Te veo detenidamente y sé que soy yo y que tu eres yo. Y que eres quien más amo. Eres un milagro incólume. Tus ojos, pese a lo que ella dice, son sus ojos. Grandes ojos. Enormes. Como los de la tia Lucía, que te taladran, te te escrutan por dentro. Tus manos: la palma es mía y el anverso, de ella. La miro. La artífice de todo lo que ahora eres. La quiero tanto por ti. Te quiere tanto. Te amamos tanto que a veces pensamos que el pecho nos va a estallar cuando te vemos desnudita en el baño, dando patadas increibles; siguiendo con la mirada sus ojos, su olor y te estiras toda nerviosa dentro del agua caliente, como queriendo alcanzarla.

Creemos en ti. Tu eres nosotros. Nuestra mejor obra. Nuestro mejor cuadro. Nuestro mejor libro. Nuestro verdadero, incondicional, auténtico e inquebrantable amor.

Nuevo, nuevo, nuevo y limpio cariño nuestro. Creemos en ti. Creemos en nosotros. Y hasta el final de mi tiempo, verdaderamente te daré todo lo mío, porque lo mio es tuyo.

Creo, creemos, en ti. Y en todo lo que eres. Y te daremos todo lo posible para que seas lo que quieres ser. Para cuando un día leas esto. Recuerda que eres nuestro verdadero credo.

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