lunes, 3 de marzo de 2008

Press Del to Delete

El mensaje del sistema era claro: Presione Del y mande todo a tomar por saco. Un año y medio de trabajo. Presione "Del" y listo para irse al Limbo de los datos perdidos. Noventa y ocho directorios; más de doscientas fotografías, carátulas de Fax, informes, Listados de clientes, cartas. Presione "Del" y piense que no ha existido. Eso es lo que decía mi sistema.

Afuera un día azul e impropio de finales de febrero. Dia de año bisiesto. Todo un año y medio de trabajo. Todos lo datos manejados, los contactos, las cifras. Todo a una simple pulsación de tecla. Se querían quedar con todo. Querían quedarse con los diseños, con las fotografias retocadas. Con toda la vida que les dejé a cambio de un paupérrimo sueldo. Se llevaron mi esfuerzo, mi minteligencia, mi trabajo y el año entero de mi vida. ¿Se iban a quedar con la plasmación plástica de mi esfuerzo? No. Eso estaba claro.

Los ví por un momento antes del final. Eran mis obras. Mis esfuerzos de horas y horas de trabajo. Mis descargas de energía. Eran parte de mi. Y como un padre que es capaz de sacrificar a sus hijos, también apareció algo claro en mi mente: jamás serían suyos. Todos aquellos datos que tantas y tantas horas habían ocupado nunca serían de su completa propiedad.

"Press Del to Delete" rezongó el sistema en un mensaje triste y escueto. O eso, o dejar que se los queden. Para que alguien sacase más provecho todavía de mi esfuerzo. Para que llegase otro y rascase la barriga con mi trabajo. Para que, finalmente, alguien se sirviese de todo lo mío para provecho exclusivo suyo.

Presioné "Del" y volaron. Los ví desaparecer en un instante. Fulminados atómicamente entre los circuítos y los registros magnéticos de una máquina. Que nadie piense que yo no estaba triste. Eran mis obras. Al servicio de otros, pero finalmente mías. No me sentí especialmente bien. Tan sólo aliviado. El trabajo es lo que tiene. Dejamos parte de nosotros y nunca lo recuperamos. Es una sangria obligada. Una muerte intelectual consabida y consentida. Morimos para otros cada día. El extraño jugo de esta sociedad. Los ví volar y me sentí extraño. Como Abraham cuando quiso matar a su hijo. Yo no tuve un Dios que me detuviese.

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