viernes, 7 de marzo de 2008

Mañana de Viernes con Café


Definitivamente: Los viernes siempre me sientan bien. Lo dicta el calendario. Después de mucho sufrir y de andar estos días con la cabeza un poco gacha, finalmente creo que las cosas empiezan a ir hacia delante. No queda otro remedio.

Afuera el día es precioso. Santiago siempre me sorprende con estas cosas, con estos cielos, con estos soles –como diría un póstumo Machado- que son soles de infancia. Quizá por eso decidí venir a vivir aquí. Por eso y por otras razones mucho más poderosas y evidentes. El corazón es lo que tiene. Quien más quiero tiene ese poder sobre todas mis cosas. Suerte la mía. Es fácil vivir y orientarse cuando tienes una brújula de semejante poder.

Armado con mi currículum apuro las ofertas y los procesos en los que estoy metido. No hay mal que por bien no venga y es la máxima de hoy. Eso, la promesa de salir, de vivir la calle nuevamente y la reconfiguración neuronal que tengo encima, que me permite pensar en las cosas que puedo hacer mientras tanto. Recuperarse es lo que tiene, que de vez en cuando te entran subidones como este y atacas el teclado con ánimos renovados. La impresora termina de imprimir documentos, cartas. La mañana discurre tranquila. El café humea delante, aromático y excelso y el fin de semana se asemeja prometedor en cuanto a nuevas dimensiones sobre esperanza, futuro, descanso y planificación. Los estudiantes caminan rumbo a la estación. La calle se baldea después de la noche de juerga estudiantil. Las señoras van a la plaza, corren rápidas con las bolsas. El alma, inundada de la sacrosanta cafeína –por primera vez en algunos días- es un alma nueva. Me pondré guapo, pienso, y saldré a pasear. Siempre queda la esperanza. Nada es mejor ni nada es peor. Cada lapso de la vida tiene su propio jugo. El que nos toca saborear ahora es precisamente este y no otro. No le demos vueltas a las cosas que no tenemos que darle. Hagamos lo que tenemos que hacer. Vivamos cada instante con lo bueno y con lo malo. Saludemos a la vida con la mejor cara que tengamos en este momento. Por una simple razón. Es un juego hermoso e impresionante estar vivo. Y es algo que pocas veces valoramos. Sigamos jugando. La partida no ha terminado. La partida siempre, siempre, hay que jugarla pensando en el futuro. A ello vamos.

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