jueves, 21 de febrero de 2008

Laberintos Eléctricos (2ª Parte)

El cielo es un límite inalcanzable. Ya no hay aves. Los pájaros tienen reactores que dejan estelas blancas en los cielos. Los reproductores de música comprimida son nuestros aislantes emocionales, nuestros profilácticos cibernético-acústicos que nos impiden interactuar. Somos un ejército de zombis con banda sonora, con citas ineludibles, con rutinas a todas horas, con la programación correcta en el instante correcto.

Camino y voy sólo. Naces solo, vives solo y mueres solo. Somos el sueño de un dios con pesadillas. Las aceras mojadas me retornan una mirada absurda, mezcla de estupor y pánico insensible. En mi dispositivo acústico-aislante suena Pink Floyd. Soy confortablemente insensible. Los niños van a la escuela, los estudiantes corren camino del instituto y de la facultad. Yo fui, yo fui uno de ellos. Yo caminé con libros bajo el brazo y era feliz y no me di cuenta hasta que lo perdí. Yo también esperé en un aula repleta. En tardes de Mayo aprecié la belleza sobre una verde alfombra repleta de flores. El sol brillaba fuerte arriba. El corazón palpitaba con fuerza sin igual. Que bello es vivir, qué bonita es la vida. Cómo no enamorarse de vivir. De vivir precisamente. Yo estuve sintiendo el palpitar de los veinte años. Era una ciudad hermosa, en un momento hermoso.

La mirada se desvía a una cantina. Una legión de señores que beben sansón en copas de mañana me devuelve una mirada sórdida, escasa, con aromas a tabaco viejo y rancio. Enigmas indescifrables de la naturaleza humana. Ellos fueron bebés. Fueron niños cubiertos de sábanas blancas. Dando las buenas noches se despedían de papá y mamá. Ahora acaban de un solo trago el licor barato de las tabernas. Sigo caminando, estoy sólo. Refugiado en este sentimiento absurdo de una mañana.

¿No te has dado cuenta?. Lo decía Marillion en una canción. ¿No te diste cuenta, no te das cuenta? Este mundo está completamente loco. Lo digo otra vez. Lo presentí. Somos ratones en un laberinto eléctrico. Un laberinto cruél y eléctrificado, cualquier desvío es una descarga, una tortura. Jugamos peligrosamente en el laberinto de un dios cruel y ausente.

Somos ratones bajo la lluvia, buscando un trozo de queso.

Atrapados en un laberinto eléctrico.

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