lunes, 5 de noviembre de 2007

Esos pedazos extraños de mi corazón

Hacía tiempo que no me veía ni yo a él. Me tendió la mano como siempre, como cada vez que nos vemos... aunque pase el tiempo hay gente que es de una determinada manera. Cristalina y afable. Y no sabe ser de otro modo. Es cierto: hay gente que es así. Todavía quedan de ese tipo de personas. Hay días en que la gente se empeña en hacerte ver esperanza. Bendito error.

Me tendió la mano y finalmente nos pusimos a hablar de lo que ultimo ocurrido en nuestras vidas. Esto de verse de pascuas en ramos es lo que tiene... que de pronto nos vemos tan cambiados, con horarios diferentes, con momentos mudados, con corazones en metamorfosis continúas, tan distintos, con tantas y tantas novedades que realmente tienes demasiado para contar y no sabes por donde comenzar el relato. Un viejo conocido. Un colega. Lo conozco desde que tenía dieciséis. No puedo decir que fuésemos amigos. Pero compartimos sudores, lugares de trabajo, lugares de esparcimiento... la vida nos lleva algunas veces de la mano, y no sabemos ni siquiera cómo ni por qué. Si me hubiesen dicho cuando lo conocí que después de tantos años coincidiríamos en una celebración privada, nunca lo hubiera creído. La vida es sorprendente. Estaba allí, con su hija de cortísima edad. El y su novia de toda la vida. Ahora, ya puedes llamarla mujer, evidentemente. Qué sorpresa. Tanto tiempo viéndonos esporádicamente para acabar en un punto en común. Nuevos corazones para un mundo sin corazón. La vida es así de cíclica, previsible y evidente. Bendita sea la propia vida.

Hoy unos amigos -algunos de mis corazones favoritos- celebraban el bautizo de su hija. Saqué fotos, bebimos, cantamos, aplaudimos... hace tanto tiempo que los conozco que son como una parte de mi. Una parte presente y que pocas veces veo. Tengo planes para ellos, tengo sueños con ellos. Ahora ya son tres. Tres corazones. Quiero verlos envejecer. Quiero ver crecer a su hija. Quiero tantas y tantas cosas.

Hoy, viendo a mis amigos con sus hijos, lo sentí: el amor es contagioso, como me dice quien más quiero. Es una energía viva. Vive en nosotros y nos contagia. Nos llena, a los que somos de buen corazón, a los que no queremos el mal, y nos rellena por dentro de una suave y cálida luz. Qué razón tiene mi amor: el amor lo es todo y no es una simple cursilería. Es una realidad. Hoy lo sentí aquí dentro, donde late el pecho. Los hijos de quienes quiero (Mis sobrinísimas, la hija de mis amigos...) son esos extraños pedazos de mi corazón. Son pedazos nuevos. Son historias nuevas. Son amores nuevos. Creo que en días como hoy jamás he amado tanto la vida.

El sol se puso detrás de las islas y nos marchamos. Dentro de mi corazón habita esa cálida luz. Cuando veo a quien más quiero, y me siento a su lado, siento que todo lo que hacemos está bendecido por algo o por alguien. Quizá uno de estos días tengamos otro pedazo -más nuestro, más intimo- de corazón para nosotros. Que sea nuestro . Que podamos disfrutar y dar a quienes tanto amamos. Hoy recibimos. Y mañana daremos. La vida es un trueque gigantesco. Los corazones nada piden y todo lo dan.



Para Marina, Pascu y Adela...
y para ese otro corazón de tanto tiempo.

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