miércoles, 22 de abril de 2015

Cuento de Tormenta


Relámpago. Diego se queda mirando la ventana. Otro relámpago. ¡OH! -dice con su limitado vocabulario. -¡OH! ( otra vez) Estamos juntos en el despacho reconvertido en habitación de juegos. Miento, reconvertido no : tomado por asalto. Como la felicidad. ¡Miá!, ¡Miá Pápa!

¿Te gusta la tormenta, Diego? No hay mas respuesta que otro ¡OH!. ¡Mia! Que si, peque. Que es una tormenta. Llena de rayos y truenos. De los delicados sonidos que traen los truenos en la distancia.  Empieza a caer. Parece una ducha. Y no te lo puedo contar todavía, Diego, pero me encantan las tormentas. Adoro los truenos y sus murmullos y como el aire parece que nos relaja mientras vemos llover y chispear el cielo.

Diego se queda mirando la calle. Yo lo miro a él. Pequeñito, algo brusco. Cachitas. Tierno. Muy tierno. Cariñoso. Muy cariñoso ( cuando quiere, claro) Ultimamente da muchos besos. En la guardería nos dicen que recoge siempre sus juguetes. Tienen suerte, aqui es evidente que no piensa recoger nada del desbarajuste que me ha dejado montado. Pero no me importa.

Llevo unos días demasiado pensativo. Demasiado meditabundo. Le he dado muchas vueltas a muchas cosas. El tiempo, y no precisamente el atmosférico, se ha mostrado con su rostro desnudo acrecentando las dudas del pasado.  Desmemorié lecciones aprendidas. Aprendí lecciones nuevas.

Mira Diego, me olvidé de contarte cosas.  Ando siempre liado y no os dedico el suficiente tiempo a tí y a Pau. Lo intento, pero siempre hay algo. Luego se me van de la cabeza. Me olvido de contártelas quizá también de cara al futuro, por eso te las escribo aquí, por si un día cuando necesites escucharlas ya no estoy para darte cuentos y contarte algunas de mis peripecias vitales. Por eso te digo: acabarás amando las tormentas, pequeñito. No te asustes. 

Aunque la cifra ahora te asuste, veinte años son nada Diego. Me di cuenta estos días. Ahora, para ti, veinte años es una vida. Un lapso de tiempo impresionante. Pero ese tiempo pasará. Y los años, Diego, como un caballo volador, se marchan y nos dejan mudados y cariacontecidos del tiempo deshechado. Eso lo aprenderás en otro momento, mi corazón. Cuando creas que ya lo sabes todo, cuando te digan que ya casi lo sabes todo. Entonces en ese momento, te percatarás de que, del propio tiempo, todavía no sabes nada.

 Hace veintidós años yo estaba en un sitio donde había una tormenta. Un sitio muy hermoso. Lleno de vida y de paisajes inigualables. Había ido de acampada a una isla con tu tía Vanessa y un noviete que tenía por aquel entonces. Era un mes de Junio y por la noche, los días que allí estuvimos , volaban como ahora los rayos.  Los truenos se escuchaban llegando desde lejos, haciendo ruidosos susurros, haciendo temblar el aire alrededor.

Para que seas libre con tu amor. Para que aprendas de mis llantos, de mis dolores, de mis errores y de mis aciertos.


Te juro que en aquellos días, yo estaba triste. Alegre y triste a la vez. Alegre por algunas cosas, y triste por otras. Pero te voy a decir una cosa Diego. Una noche me senté en aquella playa hermosa de la isla.  Y estaba solo. Y me sentí solo. Pero estaba en paz. La tormenta resonaba lejos, los rayos caían más allá de la bahía. Por dentro, me sentí bien, por primera vez, en muchos muchos meses.Creo que fue la primera vez en mi vida que sentí auténticamente la paz, mi corazón. O al menos yo así lo recuerdo.



 Te cuento, Diego, que veinte años, como dijo un señor muy guapo y listo y con una gran voz, son nadita de nada, como te expliqué antes.  Si un dia no estoy para contartelo yo, te dejo aquí escrito lo que me pasó en esa tormenta: me senti libre y único Diego. Como eres tú. Porque te hice libre y único. Te hice libre e independiente. Te delego mi amor, todo mi amor, para que ames mejor de lo que yo he amado. Para que seas libre con tu amor. Para aprendas de mis llantos, de mis dolores, de mis errores y de mis aciertos. En aquella tormenta, hace veintidós  años me di cuenta de que el amor es algo infinito, incombustible, atemporal. Que cuando amas a alguien en cierta forma, de cierto modo, lo amas para siempre aunque sea solo por un momento. Por eso sé fiel a quien amas. Y ama a quien esté contigo.

Aprende esto, mi cariño.  Aprende de todo lo que te enseño. De todo lo que os enseño, a ti y a Paula sobre el amor.  Y no reniegues de él. Porque vivís por amor y para el amor. Busca el amor verdadero, huye de sucedáneos y de paraísos prometidos egoistas.

Y todo esto que hoy te cuento, es un secreto, Diego, no se lo cuentes a nadie: me lo dijo aquella tormenta.  Me susurró con la delicada melodía del trueno 'Búscate y ama a quien te ame.' 'Vive, llora, ama, abraza, besa y dale todo a quien esté contigo'.  Por eso hoy te cuento este cuento de tormenta. Por si un día no existe el cielo y no puedo verte desde allí ni estar a tu lado para contártelo.


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