jueves, 11 de julio de 2013

Dos niños corriendo en una playa


Tengo un viaje pendiente a un lugar cercano. Intentaré escaparme en algún momento durante este verano. El lugar: el cabo Estay, donde reposan las cenizas del amigo amado. Para decirle un hola, además de los que le digo dentro de mi, a diario.  Para ver de nuevo una puesta de sol a su lado  - como otras muchas que vimos juntos - y  que me traiga su rostro a la memoria. "Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares,tenemos la duda y la fe, sumo y sigo, tenemos moteles, garitos, altares. " La canción me lo recuerda siempre. Acudiré a esa cita pospuesta para contarle las novedades y volver un poco más lleno de él, de vuelta a casa. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas mi mente se escapa. Flop. Salgo volando , flis, flis. Más allá del mar veo:  hay dos niños sonriendo en una playa ( Como la canción de Silvio). Dos niños llenos de vida, como los míos. Llenos de libertad, como los que uno trajo a este planeta.  En esas sonrisas se explian muchas cosas y muchas incertidumbres de la propia vida.

Y acabé aquí, vivo finalmente y lleno de cosas que muchas veces desmemorio.

Esta tarde, mis dos trozos de mi jugaban juntos en una cafeteria. Una desde sus cuatro años, y el otro desde sus cuatro mesecitos. "mira como se rie" me digo. La limpia sonrisa de él , frente a su hermana mayor que le hacía tonterías con las manos. Risotadas. Risas y más risas. De fondo sonaba el "O' Sole Mío" en hilo musical. Si , es cierto. Uno ama y sigue amando a aquellos que amó en un momento. Y le entristece en cierta forma que no puedan compartir las alegrias de uno nunca más. Que el amigo amado no pueda ver ni compartir los rostros de mis niños, esa insolente bondad e inocencia que destilan. Esa espontánea risa. Esa inocencia absoluta y amor verdadero. O quizá sí. Quizá lo ha visto, o lo vé. O lo sabe. Ojalá. Es algo que imploro todos los días.

 He estado en tantos lugares, he amado a tantos corazones, he dejado mi vida, mi sonrisa, mi alma en tantos sitios donde no debería de haber estado ni dejado la más minima huella. Los amigos que amé, los amores que perdí y los que dejé. Aquellos que dejé morir ...Y sigo con Sabina, para acabar. Porque aquello que dijo era cierto. Tenemos naufragios soñados en playas de islotes son nombre ni ley ni rutina,tenemos heridas, tenemos medallas, laureles de gloria, coronas de espinas. Pienso en los dos niños de la playa.  Así fui yo. Así fuimos. Niños  corriendo en una playa. Riéndose al sol de una mañana de primavera. El rostro del amigo amado viene a la memoria. Para siempre.  

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