martes, 9 de septiembre de 2008

CAFÉ CON TOSTADAS PAYESAS

Os dejo aquí un pequeño relato de un librito que estoy haciendo en mis ratos libres (escasos, escasísimos ratos ).
Tal y como os anuncié, estoy escribiendo un compendio de cosas al que voy a titular "DIORAMAS". No son si no reflexiones en voz alta de momentos y escenarios en determinados momentos. Esto va como adelanto del mismo, que será publicado íntegramente en este blog, para que vosotros mismos podaís decidir si os gusta o no.
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CAFÉ CON TOSTADAS PAYESAS

Veo un mar azul enorme. Me cubre el techo de cañas del chiringuito. Sombra fresca. La cala ya tiene actividad, pese a ser temprano. Unos cuantos turistas alemanes revolotean alrededor, entre la arena y las piedras. El agua de la cala es tan azul, tan azul. Me asustan esos cuerpos blanquecinos de los teutones revolcándose entre la arena y el agua cristalina. Estoy sentado en una mesa, una mesa de madera tosca, marinera, El chiringuito es cuadrado muy cuadrado, como las típicas casas payesas., blanco y cubierto por la sombra de las cañas, que hacen las veces de emparrado. Me preguntaron hace un rato si quería desayunar. Y miré el mar azul, tan azul como nunca lo había visto. Y un cielo azul enorme, gigante como la palma de la mano eterna de Dios. Y dije “Sí”. Quiero desayunar. El tiempo es lento y hermoso. Las hamacas y tumbonas de la playa empiezan a bullir. La chica rubia de antes me trae el café. Enorme, rico, cremoso café con leche con crema. Y unas gotas de crema de whisky, por supuesto, para darle un extra de tonificación a la mañana. ¿Quiere tostada? ¿Una o media? Otro invento ibicenco desconocido para la mayoría de la gente. Tributo a la caloría desmadrada. Quiero una. Una entera –es decir, realmente son dos- Al rato vienen. Hechas al horno. Que cosa, que invento. Extiéndase jugo de tomate natural sobre medio bollo recién hecho de pan tipo baguette. Después échesele un poquito de sal. Acto seguido póngase queso parmesano o “Mozarella” . Finalizamos la operación regándolo con orégano y metiéndolo al horno hasta que el queso se funda y el pan empieza a tostarse. Jugoso, cremoso, divino, excesivo. Un invento increíblemente rico. Bienvenidos a la gastronomía mañanera del Mediterraneo. Miro la cala, la tostada huele y desprende aroma loco a desayuno excelente. Calor, empieza el calor a volverse insoportable. Al otro lado de la cala está el hotel, lleno de alemanes, que cada noche siguen haciendo el mismo ritual de siempre. Los veo cada mañana, medio dormidos, resacosos, tirados en las tumbonas. Sofocando el calor con agua o cerveza. Al fondo, un velero pequeño, con las velas blancas como sábanas recién lavadas, enfila el oeste, buscando probablemente alguna otra isla. Estoy bien. Este es un buen momento. Ya habrá tiempo de pensar en la soledad, en la factoria, en las traiciones y en los amoríos a deshora., en la vulgaridad. Pero no hoy. No ahora. Este momento es perfecto. Es simplemente increíble.

La chica de las tostadas me mira. Guiña un ojo. No es seducción, es simple cortesía. Me siento bien. Nada necesito ahora. Mi mundo es un rincón maravilloso donde se mezcla la armonía con el aroma de café, el sabor particular de la crema de whisky, y el sol cubierto por un tejado de cañas ibicencas. A mis pies, a escasos quince metros, el mar, salvando el desnivel de unas piedras blancas. Luego viajaré por debajo del agua. Me fundiré con este mar tan caliente, buceando bajo las olas escasas. Reptando junto a las piedras. Soy uno con el agua. En medio del agua, y debajo de ella.



La mirada se ha perdido durante un instante. A lo lejos, en el mar, la mirada se sostiene. Pienso en vivir. Todo acaba en el mar. La chica de los ojos lindos, la camarera, recoge el plato y el tazón de café ya vacío. Deslizo una sonrisa. Y ella otra. También ha sido un momento hermoso.

Café con tostada ibicenca. Tostada payesa. Llámesele como se quiera. Uno de los momentos de la felicidad. ¿Quién dijo que no existe?

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