C O R D U R A

Cordura:Estado psíquico de la persona que tiene la mente sana y no padece ningún trastorno o enfermedad mental.

I N S T A N T E

Instante: Período de tiempo muy breve, casi imperceptible.

UN BREVE INSTANTE DE CORDURA

Un paseo de la mano de la introspección y la reflexión sobre la locura de la vida moderna.

oTrOs lO dIcEN

Do you still believe in fairy tales, in battlements of shining castles, Safe from the dragons that lie beneath the hill?

La Bitácora personal...

De un soñador de Bits en Pijama

miércoles, 3 de febrero de 2010

Ratones de azúcar bajo la lluvia.

 

 

Afuera la vida sigue un curso extraño. Los días pasan serenos, azules a veces, sinceros y yo aquí esperando el transcurrir de las horas.

Ayer fui con mi corazón pequeñito a pasear en la alameda. Necesitaba un tiempo con ella, necesitaba un rato escuchar su corazón, sus pequeños latidos, su enorme capacidad de vida. Parame a contemplar con el alma en jirones esos ojos enormes, esos miradores del mundo. Ella me da ilusión y fuerza. Se rie pese al frío. Me rio con ella mientras tomamos un café juntos. Sonrisas sin malicia, llenas de inocente ternura y mientras ciscamos la papila de frutas por doquier.  La gente al pasar me mira. Miradme si quereís, digo. LA felicidad es un extraño virus, una extraña enfermedad que de vez en cuando se contagia incluso a los que no quieren sentir su efecto. La felicidad está en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles, en las tardes de invierno conjuntamente con tu hija, con tus cosas, con tus pensamientos, en los paseos, en los caminos trillados mil veces. La felicidad está en todas partes, me digo. 

Y el sol brillaba ya bajo, destilando colores naranjas pálidos, y se reflejaba en la enorme fachada de la catedral. Paula me mira y yo la miro. Y luego sonrie, como siempre. Yo que fui como un ratón de azúcar bajo la lluvia, que se deshacía en la tristeza a las primeras de cambio no puede tener mejor sanación. La vida me lo ha dado todo. Tengo prácticamente todo. Sin duda alguna en la tarde de ayer fui enormemente feliz. Quiero vivir, me digo. Necesito vivir.

 

Nada me da tanto en la vida como ellas.

For when it comes right down to it there's no use trying to pretend
For when it gets right down to it there's no one really left to blame
Blame it on me, you can blame it on me
We're just sugar mice in the rain

Sugar Mice

-Mariilion-

viernes, 29 de enero de 2010

Desentendimiento


Anoche me acerqué nuevamente a los libros. Yo estaba solo, perdido, reconfortado en la soledad de este cuarto desde donde ahora escribo. Y me encontré bien, relajado y extraño. Abrí uno de esos tomos favoritos míos. Uno de los artículos que publicaba -quizá lo escogí al azar, acaso me llevó mi subconsciente a toparme nuevamente con él- se titulaba "Desentenderse".No pudo haber sido más clarificador. Ultimamente no hago más que desentenderme de cosas.


Primero fue el trabajo. Me desentendí de ser una máquina de trabajar, pasando más de once horas diarias metido dentro de un despacho y aguantando  unas cosas y otras. Me harté de ser alguien que no soy. Me perdía todo lo que realmente me interesaba en la vida. Quemé mas horas de las que debía en aquel despacho y en aquella ocupación. Por eso el trabajo se desentendió de mi. Tardé meses en desentenderme yo de él. Me perseguía hasta en sueños, en sitios, en lugares. Se volvió una especie de obsesión, cuando el teléfono sonaba, o cuando dejaba de sonar. Pero ya no sucede. Me olvidé de él. Y fui feliz haciéndolo.


También me desentiendo de las malas amistades, de los comentarios a deshora que hacen, de su vida que antes era parte de la nuestra. Me da absolutamente igual qué digan y cuando lo digan. Mi vida empieza hoy. Nuestra nueva vida empieza ahora. Suerte para ellos. Ya no necesitamos su presencia. Ya somos libres. Vivimos sin ti. Nos desentendemos de tí, como uno se desentiende de lo que le sobra, de lo que es accesorio, de loque no precisa, de lo que no entiende ni quiere entender.



Pronto habrá un nuevo viaje, una nueva sonrisa, una nueva etapa. Por eso, ahora, dejamos equipaje en el camino. No necesitamos nada. Nos desentendemos. Salimos de aquí, del tiempo oscuro, para vivir. Desentendidamente, claro está.


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martes, 26 de enero de 2010

El corazón es un León que acecha en las espigas.

Durante tres días he visto nevar. Afuera el momento era dulce e insólito. Dentro, el momento era extraño. Hoy ha salido el sol, y apenas ha calentado. El invierno, como decía Yazoo, en cierta forma mata.


El hecho de escribir, es un hecho reflexivo. Me gustan estos momentos, en los cuales estoy solo yo, con mis pensamientos. La casa está tranquila. Todo es silencio. Planifico el día siguiente de una manera más o menos mental. Que haré que no haré. El halógeno proyecta una luz amarillenta sobre el escritorio nuevo. No hay vida más allá de las ventanas. Todo fluye. la calle se desdibuja fuera, en medio de una madrugada helada. Soy yo, estoy yo. Aquí, en mi torre solitaria, alejado, en el extrarradio. Y la sensación de paz es estimulante.

Paz, era eso, eso que me faltaba. Paz, eso que añoraba. La tengo dentro. Y sé que mi corazón está aquí, deambulando en alguna parte, en medio de estos cambios, en medio de mis incertidumbres. Mi seguridad se ha ido deshaciendo como un cubito de hielo en un vaso lleno de bourbon.  Abandonado por muchos de los que ame. Abandonado por muchísimos de los que ayudé en un determinado momento de la vida. No me importa. Sé quien soy y porqué estoy aquí. Estan ellas, mi familia, mis trozos de mi. Que nadie lo dude. El corazón es un León que acecha en las espigas. Espero la luz de un nuevo día, el sol de un nuevo verano.  Que nadie toque a la manada. Acecho entre las sombras.

jueves, 7 de enero de 2010

Noche helada de Reyes

Tengo esos momentos. Aparecen y desaparecen. Esta noche, por ejemplo. Dia de Reyes, la noche había caído y pasando con el coche por el extremo de la ría, en Arcade, las luces tímidas de Vilaboa me reconfortaron. Fue un instante, un lapso. El alma parecía querer quedarse en la noche gélida. El coche quería detenerse, disfrutar del frio y del paisaje de alrededor. Arcade guarda alguna de las almas que más quiero. Esta Yago, mi tierno Yago. Mi bruto corazón. El hermano adoptado, sus niños, su Pilar. Y está tan a mano, tan cerca, tan dentro de uno... como el helado paisaje de un dia de reyes. Que sé que lo tengo dentro, como a Victor, ese extraño ser que un dia se metió dentro de mi vida para siempre, cwmo si siempre nos hubiésemos conocido, como si siempre hubiésemos hablado desde pequeños. El amigo de la infancia que encontré en las doradas épocas de juventud. Vino y Rosas por doquier, conjuntamente con traición y lágrimas. Bohemios absurdos somos en una época en la que no hay nómadas.  Me hielo por dentro y me abraso de calor. La suerte que tengo, me digo algunas veces, de que haya gente como ellos por la vida. Y que me aguanten como me aguantan  siempre. El tiempo en ellos no pasa. Son eternos. En estos tiempos, amar a un amigo es arriesgarse. Pero es un riesgo que asumo, aunque la perspectiva sea poco halagueña según la experiencia de cada uno.

Por eso ahora, en cama, con los pies calientes, con un trozo de roscón de reyes haciendo la digestión, sigo pensando en ellos. Y en el escenario que los contiene. Su pueblecito -ya no tan pueblo- sus  barquitos pequeños en el agua, San Simón como helado testigo, cápsula del tiempo incólume de una época pasada. Y pienso en ellos porque es mi mudo homenaje a quienes somos y a quienes fuimos y qué fue lo que nos unió. Quien más quiero, duerme. El momento me llena de paz. Ojalá mis dos viejos amigos lean estas lineas y compartan el sentimiento conmigo. En ese pequeño pueblo al fondo de la ría. Ese lugar que ellos llaman hogar.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un favor sin Recompensa.

Hago un balance interesado y sesgado de estos ultimos trescientos sesenta y cinco dias de mi vida. La fecha impera. Impone su ley y en el final del año, apuro un resumen nada imparcial. ¿Me disculparán el interés y mi parcialidad? Espero que si.

Este año ganamos cosas y perdimos muchas otras. Empezamos ganando cosas en el aspecto personal, y por ello el año 2009 será siempre recordado como uno de los mejores de mi vida. También en el material.  Pero como siempre, todo fluye.

Cuando tenia catorce años mi padre me regaló un peluche de una de las tiendas para que yo se lo regalase a uno de mis primeros amoríos de juventud. Mi padre tenía estas cosas, que probablemente yo he heredado. Podía convertirse en un personaje tan lejano y amargado como cercano y alegre, según las ocasiones. En el peluche -ni me pregunten qué forma tenia, porque ahora mismo solo lo intuyo- podía leerse una frase tan verdadera como lapidaria. "Amistad es un favor sin recompensa" Poco podía imaginar mi padre que ese podría convertirse en un de mis lemas para toda la vida. El peluche cumplió una función especial, tanto para el amorío de mala hora, como para mi mismo. La función pedagógico-didáctica que aprendí la interioricé tan rápidamente que a veces me asusto de que esa frase me persiga toda la vida

Ahora, hace un momento, un instante, delante de las teclas del ordenador, a banda del peluche ha vuelto nítida a mi cabeza. Le he visto sus colores colorados y sus letras doradas. Cruzó mi cabeza y se fue. Como el sueño de quererse tanto como a los catorce años. En el fondo estoy muerto, me digo. Muerto mentalmente, y revivo las cosas de la juventud como si fuesen un  "flashback" de un drogodependiente. Pero he visto las letras y ese mensaje escrito en un peluchito barato. Ring, Ring... aquí el cerebro, departamento de alucinaciones oníricas pretéritas mandando un regalito de navidad.

Ese mensaje, "Favor sin recompensa" lo dice todo. La amistad debe ser eso, pero que nadie se escude en la banda de mi peluchito de los catorce años, regalado al amorcete de juventud -divino tesoro- para pensar que la patente de corso está al alcance de la mano de quien piense que puede hacer lo que le de la gana siempre que se declare nuestro amigo. Lección aprendida de este año. Perder amigos es duro, pero muy aleccionador. Es fastidiado, doloroso y canibalizador del interior, pero muy util cara al futuro. Es una putada, de esas putadas dolorosas y jodidas de la vida, que te dejan unresquemor negro y abrasador en el interior. Pero aprendes a seguir adelante. Este 2009 perdimos amigos, perdimos gente que amabamos y que eran parte de nuestra vida. Cuando uno se aleja de un amigo, en realidad pierde parte de su vida. Pierde parte de la alegría que le generaba su compañía, parte de las vivencias, parte de las confesiones del otro, de la propia existencia común. Los lugares comunes ya no son tan bendecidos y hasta el alma se muestra huraña de volver a ellos. Pero aprendes. Aprendes a vivir sin toda esa carga. ¿Merecimos perderlos? Honestamente creo que no. A lo mejor es que ellos no fueron dignos de nosotros, o nosotros de ellos. O simplemente será que la vida tiene un saco lleno de esas putadas que antes mencioné y las va distribuyendo a lo largo de la existencia.

Qué dejados somos. Que poco cuidamos a los que queremos la mayor parte de las veces. Como dejamos morir la amistad, el cariño, el respeto y la complicidad. No cuidamos nada de quienes nos quieren y que poco nos cuidan muchos de los que nos aman y a quienes amamos. Que poco nos cuidamos, en general.

Un deseo para 2010. Amistad en buena medida para todos. Que los caminos que ahora nos separan  nos vuelvan a unir. Acaba de salir el Sol por primera vez en dos semanas de intensa lluvia. Y lo ha hecho al escribir esa frase. Es un buen presagio. Ya viene el sol...

viernes, 16 de octubre de 2009

Otoño por la Barcia

 

 

 

La barcia es como un escenario de película. De tan bello que es algunas veces hasta parece irreal. Parece inventado. Hay días en que  me sorprendo a mi mismo buscando las traviesas de madera que sujetan, como se hace con los marcos de las fotos, cada uno de los elementos del paisaje. Pero me equivoco, afortunadamente y resulta que es completamente real. Entra el Otoño por la Barcia, y lo hace preñando y colapsando las hojas de los castaños, y llenando el suelo de los erizos marrones que protegen el fruto interior tan preciado. Paseo despacio. El cielo busca una estrella. Los prados verdes tienen un cierto tinte violáceo, desangrado por el cielo. El Pedroso vigila el espacio, colmado de sus antenas. Los árboles se mecen con la sombra de la tarde. Y paseo. Me siento dichoso por vivir, por estar vivo. Pienso en los que me han precedido, en los amigos que se han ido, en los perdidos, en los que nos dejaron atrás, en los que nos abandonaron. Me pregunto si ellos pueden disfrutar del instante como lo hago yo. Me  pregunto si ellos lo hicieron alguna vez. Me pregunto tantas y tantas cosas…
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Y hay una voz nueva en el pecho. Y hay una alegria extraña. Y la calma llega, honesta, limpia, pura al interior mientras los ojos castigados, se deleitan en el paisaje. Respiro y el aire tiene olor a azahar, a verde hierba, a siega, a castañas. Las casas en el horizonte –pequeñas, cucas, cuidadas y colgadas en comunión con el paisaje- enorgullecen la vista. Todo es rematadamente hermoso. Pienso en que hoy, mi hermano cumple los cuarenta.  Que cuando uno llega a una edad no es que se haga viejo, si no que se disfruta de la perspectiva de la vida, de una madurez y una sabiduría sin igual. Que se da cuenta del trabajo realizado y que tiene tanto por delante para hacer que esa reflexión le hace a uno sentirse joven y fuerte. Con veinte años eres un niño grande que no sabe qué hacer. Con cuarenta te sientes fuerte y lleno de energia y sabes en qué has de gastarla. No pierdes el tiempo con tonterías.  Por eso, cuando entraba el otoño por la Barcia, pensé en mi hermano, en su casa colgada sobre el monte. Y esperé de corazón que fuese feliz. Como yo lo he sido mientras paseaba y el otoño hacía acto de presencia. El mundo no deja de ser a veces un terrible escenario que regala relámpagos de belleza. Este otoño será un otoño hermoso. Lo siento dentro de mi.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Tesoros de la infancia.

Hace unos días, intentando distraerme de la soledad en que me he encontrado tras una serie de acontecimientos inesperados de este verano, decidí hacer limpieza entre los viejos recuerdos que todos guardamos de nuestra infancia y adolescencia.
En una vieja caja de lata, entre gastadas cartas infantiles, pedazos de entradas de ansiados conciertos, flores secas y otros recuerdos de amores adolescentes… como si se tratase de un aviso o incluso una respuesta… encontré un viejo libro, de gastadas y sucias páginas que hace más de 16 años me regaló una amiga.
Una amiga. Esta palabra cobra en este caso un significado especial, puede que su más profundo sentido, una persona realmente maravillosa, siempre a tu lado, de forma tan incondicional que no te das cuenta de lo que perderías si no estuviese, sobre todo porque no se te pasa por la cabeza que pueda no estar. Precisamente el libro que me regaló tenía por título “Un amigo es alguien a quien gustas”. Y hace 16 años me lo regaló porque después de muchos años de confidencias, de risas y de lágrimas, de cientos de momentos compartidos… se marchaba. Se iba al extranjero, a continuar sus estudios, a mejorar su formación, pero a pesar de saber que no era definitivo, al despedirnos lloramos como si lo fuese. Y ella me entregó este bello recuerdo que ahora abrazo entre mis manos. Dice la dedicatoria: “Me lo leía mi madre cuando yo era pequeña. Es para niños y es viejo pero te lo regalo para que te acuerdes de mí. Con todo mi cariño. No me olvides”.
Y 16 años después, al leerlo, me he emocionado. Las lágrimas me han inundado los ojos. No la he olvidado. Aunque hace más o menos 5 años que no la veo ni hablo con ella, no la olvido. Y aunque probablemente ahora las cosas ya no sean como 16 años atrás, sé que si lee esto, sabrá que me refiero a ella, porque la amistad, aunque no sencilla, es algo muy simple:
Un amigo es alguien que te escucha, te da su cariño y te ofrece su hombro para apoyarte, te habla y te da calma, está a tu lado y te hace sonreír. Y te acompaña en silencio cuando lo que más deseas es callar. Te respeta y se alegra al verte llegar.

“Un amigo es alguien a quien gustas.
Puede ser un chico…, puede ser una chica…
o un gato…, o un perro…,
o incluso una ratita blanca.
Un árbol es otra clase de amigo.
No te habla, pero sabes que le agradas
porque te da manzanas… o peras… o cerezas…
o te ofrece, a veces,
una rama para columpiarte.
Un arroyo es un amigo muy especial.
Te habla en mansos susurros.
Te refresca los pies
y deja que te sientes en silencio a su orilla
cuando no tienes ganas de charlar.
El viento también puede ser un amigo.
Te canta dulces canciones por la noche
cuando se acercan la soledad y el sueño.
En ocasiones te llama para jugar.
Te empuja por la espalda
mientras caminas
y hace que las hojas secas bailen para ti.
Siempre está contigo
dondequiera que vayas:
por ello sabes que le gustas.

A veces no sabes
Quienes son tus amigos.
A veces los tienes constantemente al lado
pero pasas de largo
sin darte cuenta de que les gustas
de una forma muy especial.
Y entonces piensas que no tienes amigos.

Así que es mejor no apresurarse tanto
y andar despacio,
y mirar con cuidado en derredor
para descubrir que alguien te sonríe
de una manera peculiar…
o que un perro mueve el rabo con más fuerza
cuando te acercas a él…
o que un árbol
se te brinda para que trepes a sus ramas…
o que un arroyo respeta tu silencio
cuando lo que más deseas es callar.
A tu amigo tienes muchas veces que buscarlo.

Algunos tienen muchos amigos
y otros tienen pocos amigos
pero todos…
todos y en todo el mundo
tienen por lo menos UN amigo.

¿Dónde encontraste los tuyos?”

Joan Walsh Anglund


Encontrar el libro y leerlo, me levantó el ánimo. A pesar de la soledad que he sentido durante este verano, me hizo pensar. Miré a mi alrededor y al levantar la cabeza, comprobé que tengo al menos UN amigo.

Ell@s saben quiénes son. Y aunque poc@s, son l@s mejores del mundo.
Porque en los últimos días me he dado cuenta de que los buenos amigos no abundan y si es así, soy afortunada de poder contar a los míos con los dedos de una mano.
Por todos ell@s y para ell@s escribo estas letras. Os las dedico satisfecha y feliz de haberos encontrado.

La persona que me regaló el libro y me dejó este recuerdo fue una amiga inmejorable durante mucho tiempo. Después, por circunstancias de la vida, perdimos el contacto. Y esta mañana me he sorprendido buscando su nombre en las páginas amarillas. La he localizado. Confío en que todavía quede algo de la amistad que nos unió y tal vez… ¿podremos retomarla?. Yo no te he olvidado.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Recuerdos de un día Once.

Volaba de vuelta. En el avión me tomé un vino barato y con la presión el alcohol hizo estragos. Me dormí a la altura de Boston y desperté pasado Edimburgo. Cuando aterrizamos en Frankfurt, me percaté de que algo raro estaba pasando. Había demasiados controles, demasiada gente armada. Luego lo supe, al llegar a casa. Habían atacado el WTC. Yo había estado allí hacía muy  pocas horas, contemplando la puesta de sol reflejada en sus cristales, justo en la zona trasera de Manhattan sur. Desde el Soho las torres brillaban en colores rojizos.

Nunca una barbarie pudo justificar tan bien otra barbarie mayor. Meses después llegarían las imáganes de los B52 bombardeando Afganistan, las incursiones armadas, los talibanes, los misiles, los scud, la guerra de Irak. Todo en aras de algo que nadie entiende.

En mi interior recuerdo las tardes en Manhattan los días previos al ataque. La calle 18, el Soho, Park Avenue, la banda sonora mental de Simon y Garfuinkel. Nada es como era, me dicen quienes han visitado New York ultimamente. Entonces me consideraré privilegiado. Soy uno de los pocos que recuerdan Nueva York antes del ataque. Como un turista de Pearl Harbour que se hubiese despedido antes de la primera bomba. 

No vi ni la muerte ni el horror, pero sentí su aliento cerca. Raro es el día que no recuerdo la llegada a casa y veo los aviones estrellarse. La sensación de horrorosa irrealidad, la sensación de sentir la fragilidad de la vida y lo enventual de la misma. Por toda la gente que falleció por este ataque, y por todos los que justificandose en él fueron asesinados, hoy escribo estas palabras. Y en el interior, el alma, me guarda un profundo silencio.

Entonces lo entendí: yo era un afortunado.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ellas dos

Son todo lo que tengo. Mi mejor obra.
Las que me dan ánimos cada día, pase lo que pase. Mi motivo principal, mi causa y mi esfuerzo.
Mi dolor, mi alegria, mi perdición. Mi leit Motive, mi ansia, mi recompensa.

Ellas dos son lo único que tengo, mi escaso equipaje
Sin ellas no sabría qué hacer, ni qué decir, ni donde estar.
Os quiero tanto y os lo digo tan poco.

Os necesito tanto, ahora que nos han dejado solos.
Ya nunca estoy solo
Porque siempre os llevo a las dos en mi corazón.

La muerte no existe si estais a mi lado.
Ya no tiengo miedo a nada,
puesto que todo me lo habeis dado.

Lo mejor en la vida, mi auténtico objetivo, mi principal obra
se resume cada día en un abrazo al llegar a casa
y en una sonrisa .

Ya nada temo.
Puesto que la vida me la habeis dado vosotras.