miércoles, 18 de julio de 2007

Alrededor de la nostalgia (1ª Parte)

Los vi crecer.
Eran casi adolescentes cuando los conocí. Acababan de encontrar a Miguel Ángel Blanco con dos balas en la cabeza en el fondo de un barranco y yo bajé con Poly hasta la abadía de Santos a tomar una cerveza. Y esa fue la antesala a un tiempo en el que ellos estan omnipresentes. Son mis niños, mis amigos, mis chavales, mi buena gente. Los he visto crecer en el tiempo. Los he visto madurar y hacerse grandes. Yo desde mis 25 recién cumplidos y ellos desde aquellos 20 años recién estrenados nos juntamos en un espacio y en un tiempo. Pienso en ellos siempre. Casi a cada hora. A cada instante. En qué estarán haciendo, por dónde andarán y cuales son y serán sus tribulaciones.
Recuerdo perfectamente a Jaime, en aquel momento, cuando me dirigió la palabra por primera vez. Es mi tesoro en la memoria. Iba todo guapo y elegante y jugaba con Pascual en la máquina de Dardos. Jaime, siempre Jaime. El pegamento y la esencia de todos. No podría entender nada sin él. Lo veo todavía. Siento el aroma de una tarde de Julio, en la terraza de su casa, mirando a través de un desvencijado teodolito ponerse el sol sobre la ciudad. El niño: mi niño grande de casi dos metros. Los dias dulces de excursión a Noia, el olor de los veranos por vivir juntos. Las noches de farra inconclusa. Su cara de niño y su cuerpo de hombre. Y todavía lo oigo, como en sueños algunas veces. Y lo siento junto a mi. Como el día en que lo conocí. El día en que me abrió su corazón. El día en que murió ese recuerdo poblaba mi memoria. Las lágrimas que vertí por él en una isla en el mediterráneo, tenían el aroma de ese instante. Pienso en él todos los días. Te quiero siempre y siempre te querré, viejo amigo.
Y a Pascu... como no. Pascu y su manera de ser tan extraordinaria y cristalina. Esa sencillez y humildad rotunda y esa introspección mágica que proyecta sobre todo lo que le rodea. Cómo ha crecido, como se ha abierto a la vida, como se enamoró en aquellas noches de desenfreno en Samil. Lo vi bailar en su boda, de los brazos de Adela, mi amiga Adela, mi querida Ade, la que ama los perrillos, los niños, las cosas lindas de la vida. Los vi juntos, felices, por siempre, para siempre en la noche de su boda. Y pensé en cuántas veces soñé con verlos así. Ella estaba más hermosa que nunca. Ya lo sé... sé que es dificil que esté más linda... pero lo estaba. El tan elegante y serio, y tan nervioso y dulce con ella. Se habían madurado juntos. Uno dejó de ser el chico del Diana, el chico tímido y reservado, a veces extraño y otras huraño. Y ella dejó de ser la chica pequeña, melosa y un poco nerviosilla para convertirse en esa maravillosa dualidad que son ahora. Los veo. Son maravillosos. Son parte de mi vida. Los ví bailar juntos, en un mar de pañuelos. El la besaba a ella . Y en ese instante fui intensamente feliz.
Y Dani y Mar. Mi enamorado y mi enamorada. Mi hermano menor y mayor . Mi amiga oculta y mi alma cómplice en muchas ocasiones. Que se casaron en Septiembre. Que yo estaba allí. Que yo lo ví como si fuese una visión de la juventud hecha realidad. El chico de la moto de cross azul y la chica que acababa de sacar el carnet. El niño guapo del Clio rojo . El amigo. El niño grandisimo que llora a las primeras de cambio. Allí, desfilando por la iglesia. Como la realización de algo anunciado. Como algo que deseé. Como algo que se constataba. Y parte de mi iba con ellos. Pero no lo saben.
Y María, como no. La chiquilla tímida e inocente. Que pasó de estudiar empresariales y de escuchar canciones de la noche a la mañana a trabajar en un banco. Como toda una mujer ejecutiva me habla de hipotecas, de gastos, de fondos de inversión, y se lía con un chico. De la noche a la mañana, como quien dice. La miro a los ojos y veo la niña que todavía fue. La chiquilla que a los diecinueve años escuchaba atentamente las canciones que Juan Vilas y yo le cantabamos a la luz de las velas en la abadía. Se me hizo mayor de pronto. Se me hizo mujer y una parte de todo ello me perdí.
Mi linda MaryJoe. La victima inesperada de mis bromas más crueles y mis cariños más sinceros. La niña que no quiere ser mujer. La mujer que no quiere dejar de ser niña. La independiente, la fuerte. Que si la veo el alma se me llena de ternura y sueño con el día en que la vea hecha toda una mujer.
Y Freddo, Y Luz... , Y Cristina, Y Marcos... Todos ellos, todos.. son mis amigos. Los echo de menos. Los quiero a mi manera. Los añoro tanto y tanto. Los necesito. Y ellos qué poco lo saben.

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